Jack Kerouac, King Of Beats

Salma Abo Harp
June 12, 2018

El mundo está allá afuera. Lo básico es tener la valentía para que no te importe nada más que los lugares por recorrer y la gente que habita en esos lugares. Gente de diferentes colores, culturas, complexiones; gente que guarda dentro sí un mundo que explota y te empapa al chocar para bien o para mal con tu mundo, tus ideas, tus sueños, tus temores, tus vicios, tus pasiones… Me imagino a Jack Kerouac pensado así de cada aventura a la que conlleva cada viaje, mientras espera en la carretera, con el sol calentando su cabeza, la mano derecha alzada, el puño cerrado y el pulgar levantado; señal universal de quien quiere un aventón.

Los lectores de este escritor francocanadiense quien nace en 1922 en Lowell, Massachusetts, saben que era un hombre insatisfecho con la vida norteamericana posterior a la Segunda Guerra Mundial; insatisfecho con habituarse a un trabajo, una casa, una esposa, hijos y un carro en la cochera, empleando sus ratos de ocio frente a la caja que hipnotiza a las familias norteamericanas.

Él no quería y no podía estar satisfecho. Quizá por ello quiso escribir, salir a la carretera y buscar aventuras e historias, como Ernest Hemingway, el mítico periodista y escritor, a quien Jack admiraba. Kerouac se rodeó de gente igual de loca que él -muy lejos de que esta palabra lo denigrara me atrevo a decir que la aceptaba con orgullo- porque no quería ser igual que aquel que aspiraba sólo a una existencia plana y vacía, porque Kerouac sabía que esa existencia nunca sería una opción para él, esa existencia nunca lo llenaría.

En su corta estancia en la universidad de Columbia, a la que llegó gracias a una beca como jugador de fútbol americano, se rodeó de escritores, poetas, ex presidiarios, y mujeres. Todos con la sangre llena de alcohol, marihuana, opiáceos y la mente embriagada de letras, jazz, curiosidad e insatisfacción; entre esta gente loca Kerouac escribía sus novelas; de esta gente loca nace la generación beat.

Es por esto que su principal obra publicada en 1957 On The Road fue como un puñetazo a los convencionalismos de los años 50’s. Una novela que incitaba desde la prosa a liberarse, a tomar una mochila, calzarse unos zapatos y salir a nutrir la vida de experiencias que sólo la carretera puede dar.

Como su vida, la técnica con la que escribió On The Road, era inconvencional, su prosa espontanea o kickwritting consistía en colocar un largo rollo de papel en su máquina de escribir, escuchando jazz e inflando sus pulmones con humo tabaco. En los días de escritura se escuchaba un clic-clic-clic provocado por sus dedos al bailar jazz; su máquina de escribir era la pista de baile, como aquellas a las que iba en los bares de New York o San Francisco. Sus dedos bailaban movidos por la música de fondo de los saxofonistas negros –Charlie Parker era su favorito-, las letras se plasmaban una tras otra. Era el frenesí hecho palabras, no había tiempo para demorarse en superfluos signos de puntuación.

Los viajes de Kerouac eran por tierra o por mar. En la Segunda Guerra Mundial se enlistó en la marina mercante, de esta experiencia nació su primera novela The Sea is my Brother, escrita en 1942 y publicada casi 70 años después.

La búsqueda espiritual también era un motivo para viajar. En 1955 el chico que creció en una familia católica, conoció el Dharma, y se impactó con la primera de las cuatro verdades del budismo: La vida es sufrimiento. Su sufrimiento fue perder a los 4 años a su guía, su hermano mayor, Gerard de 9 años, desde entonces el humilde hogar de los Kerouac no fue el mismo. Este episodio triste influyó en el carácter de Jack y en su escritura, publicando en 1963 Visions of Gerard, novela en la que narra la infancia al lado de su feliz hermano mayor.

Una novela imprescindible para conocer los viajes y búsquedas de Kerouac es Big Sur (1963)  antítesis de On the Road. En esta novela Kerouac tiene cuarenta años; las fiestas y los viajes frenéticos a través de la legendaria ruta 66 de Norteamérica con Dean han acabado. Los años han pasado y Jack sigue insatisfecho, así que decide pasar unas semanas en Big Sur, California, rodeado de las imponentes montañas de Santa Lucia y acompañado del mar.

En la prosa, contagiada de un matiz zen, se lee a un Jack alcohólico, triste y harto de la vida. ¿De qué sirvieron tantos años de jerga, tantos viajes, si el gran escritor norteamericano está tirado en el baño sufriendo delirium tremens?  A través de las reflexiones de Kerouac también reflexionamos nosotros.

La mañana del 20 de octubre de 1969, sentado en su silla favorita, mientras bebía whisky de malta, Kerouac sintió nauseas. Se dirigió al baño y vomitó sangre. Tantos años de alcohol y drogas se le escapaban por la boca. Los viajes desde la costa Este a la Oeste por Norteamérica; sus incursiones al Sur, a la mítica ciudad de México, refugio de muchos escritores norteamericanos, estaban por terminar.

El 21 de Octubre de 1969 a las 5:15 AM, el viaje de Kerouac terminó. Nunca despertó de la operación a la que fue sometido para detener la hemorragia abdominal producto de una cirrosis. Tenía 47 años, más de 20 obras publicadas y una hija que como su padre, sólo sabía vivir de una forma; en la carretera.

 

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