La mancha de hormigón borra el edén: deforestación en Tabasco

Salma Abo Harp
October 23, 2017

Postal del archivo México Fotográfico (MF)
Postal del archivo México Fotográfico (MF)

Para borrar el verde de la selva, los paisajes del trópico, la inspiración de poetas y pintores, primero se cortaron sus caobas, cedros y tintos. La caída de las selvas en el sureste de México aumentó a partir de 1870. Desde el porfiriato hasta el gobierno de Lázaro Cárdenas, la explotación humana derrumbó voluntades y árboles. Del indígena se sustrajo la fuerza de sus piernas y brazos hasta llegar a la raíz, a su conciencia. Luego, en la segunda mitad del siglo XX el progreso llegó a Tabasco con la implementación de programas de gobierno que desmontaron la selva: el Plan Chontalpa, y el Plan Balancán-Tenosique.

A finales del último tercio del siglo XIX, un sin número de hombres eran enganchados por españoles en Ocosingo, Chiapas, para trabajar en las monterías, administradas por familias españolas, empresas inglesas y norteamericanas; los mayas de Yucatán y yaquis de Sonora fueron desplazados de su hogar al sureste por orden de Porfirio Díaz; con la fuerza de estos miles, se arrasaron cedros, tintos y caobas: los hacheros cortaban troncos, los bueyeros arrastraban el árbol caído al rio, y este, sobre su cauce, los llevaba hasta la montería encargada de exportarlos para construir muebles finos y decorar las casas europeas o fabricar barcos en Estados Unidos y Europa en la primera y segunda guerra mundial.

“Era una deforestación selectiva por esa condición de trabajo manual, que dependías del rio. Mucha de la selva alta lejana a los ríos se mantuvo”, esto lo explica Miguel Ángel Díaz Perera, doctor en historia y maestro investigador del Colegio de la Frontera Sur. “Aún todo lo que se logra conservar, uno lo ve claro en el google earth, es lo que se conserva del cañón del Usumacinta, es todo lo que conocemos como el área de protección de flora y fauna de Cañón del Usumacinta que ahorita se está deforestando igual”, dice. En el monitor de su computadora me muestra fotografías de la Cuenca del Usumacinta: veo cascadas, rápidos y paisajes verdes, la naturaleza que inspiraba las metáforas de Pellicer.

• “Se praderiza la selva”
En un informe elaborado en 2008 por la CEPAL, la SEGOB y el Gobierno del Estado se expone: “Con la aplicación de políticas internacionales que marcaron la pauta para convertir a las selvas del en zonas agrícolas y ganaderas en los años sesenta, se originó la Revolución Verde, tendencia a la que no escapó Tabasco y que a la postre derivó en agresivos impactos por la deforestación que causó. El uso de los recursos produjo consecuencias desfavorables: el 95 por ciento de las selvas se perdió, mientras que el 80 por ciento de las 2 millones 474,700 ha que conforman el territorio tabasqueño, se ocupa en dos actividades de explotación extensiva: la agricultura, con 314,782 ha; y la ganadería, con 1,665,344 has, con la utilización consecuente de agroquímicos, tecnologías poco compatibles con la preservación del medio ambiente y procesos de erosión debidos al sobrepastoreo sobre todo en tierras altas”.

De acuerdo con Díaz Perera, la deforestación actual en el Cañón del Usumacinta es causada por la clásica agricultura de roza, tumba y quema en la zona. El campesino sobrevive de estas tierras. “La actividad ganadera que hay alrededor sigue impactando, el crecimiento de las superficies de milpa: es una zona bastante poblada con muchísimos ejidos que ponen en riesgo el área de protección de flora y fauna. En mi opinión aquí hay que generar proyectos alternativos de vida. Una persona que toda su vida ha hecho milpa, que tiene diez vacas pero que no sabe hacer otra cosa va a seguir metiendo milpa y va a seguir metiendo ganado, ¿qué alternativa de vida le das? O sea, no solamente generar instrumentos normativos, sino enseñar a la gente a utilizar otros instrumentos para sobrevivir sin ocasionar tanto impacto en el medio ambiente” observa.

Aerofoto, Villahermosa 1931-1934. Fuente: Centro Documental de Estudios sobre el Agua, planero N° 4, Gaveta N° 3 del área de consulta.
Aerofoto, Villahermosa 1931-1934. Fuente: Centro Documental de Estudios sobre el Agua, planero N° 4, Gaveta N° 3 del área de consulta.

Cifras oficiales e investigaciones de instituciones académicas estiman un 95 por ciento de pérdida total de selva tabasqueña, los números más críticos alcanzan el 98 por ciento, sobre esto Díaz Perera comenta: “Tengo mis dudas de las cifras porque mucho se ha hablado del famoso 2% que solo quedan de las selvas de Tabasco, pero no sabemos exactamente cuál es la cantidad de selva que existía, quizás es menos, porque no existe un levantamiento histórico de cuál era la cobertura en el estado de Tabasco”.

Despojado el suelo de la diversidad de flora y fauna que poblaba la selva, éste dejó de producir nutrientes: “muchas de las tierras convertidas no son aptas para la agricultura ni para la ganadería” dice el académico. Se repiten los errores de antaño, cuando los mayas arrancaron la selva para sembrar sus cultivos, provocando sequías y hambrunas.

• Los árboles siguen cayendo
Entre 1993 y 2007 la cifra de deforestación en México se mantuvo con alrededor de 500 mil hectáreas anuales.  La plataforma de datos abiertos para el cambio climático reporta que el total de población más vulnerable al cambio climático en el país, asciende a 28 millones 393 mil 577 personas. Tabasco es el quinto estado en el país con más población vulnerable: 1 millón 961 mil 275. Este dato se materializa en las sequías, la erosión de sus costas, y las inundaciones recientes como la de 1999, y de 2007, cuando el agua recobró la tierra ocupada por el hombre, recordándoles de quien es la tierra que reclaman suya.

21 de abril de 2006 “Inicia ecocidio en Gaviotas” Nota publicada en Tabasco Hoy, (18 meses antes de la inundación). La nota informa que un día antes comenzó la ampliación de la avenida Luis Donaldo Colosio Murrieta con la tala de 25 árboles. Fueron los primeros de aproximadamente mil 500 por derribar. Un funcionario de SERMANAT arguye: “además de modificar el paisaje de nuestra ciudad se corre el grave riesgo de ocasionar un deterioro en el ambiente que se vería traducido en la reducción de la humedad atmosférica, el aumento de la temperatura y la contaminación” comenta al diario. Una vecina de la colonia, lamenta la pérdida de fauna, pues los árboles eran el hogar de “aves, iguanas, garrobos, ardillas y murciélagos”; en entrevista, otra mujer considera oportuna la reforestación para suplir a los macuilis, framboyanes y guayacanes, árboles de mangos y ceibas que serán derribados.

Ninguno de los tres menciona inundaciones como probable consecuencia de la deforestación, quizá no lo recuerdan, pues fue hace más de un siglo cuando “los alrededores de la capital eran enormes lagunas, arroyos y terrenos bajos que se convertían en uno solo con las crecientes”, según recuerdan historiadores tabasqueños. Sin embargo, el agua regresó en octubre de 2007 para marcar su territorio, reclamando más: “El impacto de las inundaciones fue de tal magnitud que se estima que en el momento más crítico 62 por ciento del estado estaba cubierto de agua, afectando a cerca de 1,500 localidades (rurales en un 90 por ciento), dejó a casi 1.5 millones de damnificados (75 por ciento de la población del estado), casi 6,500 kilómetros de carreteras y caminos afectados (73 por ciento de la red del estado), 570 mil hectáreas agrícolas siniestradas, 123 mil viviendas con afectaciones. Todos estos daños y pérdidas sumaron la impresionante cantidad de 31,800 millones de pesos (casi 30 por ciento del PIB estatal), costo también sin precedentes para un desastre de este tipo en un sólo estado”.

Fuente: Centro Documental de Estudios sobre el Agua, planero N° 4, Gaveta N° 3 del área de consulta.
Fuente: Centro Documental de Estudios sobre el Agua, planero N° 4, Gaveta N° 3 del área de consulta.

• La mancha de hormigón
¿De qué color es el desarrollo en las ciudades del tercer mundo? La capital de Tabasco poco a poco se va pintando de gris: grandes planchas de hormigón entierran sus cuerpos lagunares, la mancha urbana borra el suelo verde y el agua oscura, con viviendas, edificios públicos y privados. En una aerofoto capturada hace casi 85 años, se aprecia una Villahermosa de enormes lagunas, arroyos y áreas forestales hoy ahogadas en concreto. La fotografía -resguardada en el Centro Documental de Estudios sobre el Agua (CDEA)-, también dio pie al artículo publicado en 2017 “Comentarios en torno a una fotografía histórica. La metamorfosis de una ciudad: Villahermosa, Tabasco”. Aquí algunos comentarios:

“…Esta fotografía es una ventana al Tabasco tradicional, previo a la modernidad y antes de aquella transformación acelerada que Fernando Tudela nombró en su libro La modernización forzada del trópico (1989)”.

“…En lo general se observa también una naciente ciudad sin traza clara, calles de tierra, casas tradicionales, un pueblo que coexistía entre lagunas, pantanos y terrenos bajos. Por ejemplo, exuberante y magnífica se distingue

“La Pólvora”, laguna cegada hasta desaparecer en los años 40’s para dar lugar a la colonia Municipal y a la avenida Paseo Tabasco (hoy de importante afluencia vehicular); magnífica en un tono oscuro que insinúa prosperidad, profundidad y seguramente abundancia de vida.

“…En la parte izquierda, entre la hoy conocida calle Antonio Rullán Ferrer, con menor tono, aparece la laguna de “Mayito” que después heredaría el nombre de “La Pólvora” y que por entonces contaba con mucho mayor superficie que la actual. Aquella laguna colindó con la “Casa Mata” y a finales del siglo XVIII sirvió para almacenar arsenal y polvorín, lo cual explica la razón por la que el pueblo le dio tal nombre”, recuerdan los autores del artículo: Miguel Ángel Díaz Perera, Pedro Alfonso Narváez Solís y Jorge Luis Capdepont Ballina.

En el boletín “Deforestación y cambio climático acaban con edén tabasqueño” publicado por Green Peace en agosto de 2010, Héctor Magallón, entonces coordinador de la campaña de bosques en dicha ONG, denunció: “Lo más preocupante es que en lugar de diseñar políticas públicas que reviertan los factores que ocasionan la deforestación, se continúen promoviendo soluciones falsas como las plantaciones forestales y la reforestación que sólo atienden los síntomas provocados por la contradicción en las políticas públicas pero no resuelven el problema”. Magallón sostenía que es necesario el trabajo en conjunto entre las dependencias responsables del uso de recursos forestales y ambientales del país para evitar “de forma efectiva la pérdida de masa forestal”.

Por su parte Díaz Perera precisa: “En Tabasco no hay una regulación efectiva para la restricción de crecimiento urbano porque la Ley Nacional de Aguas indica que todo cuerpo de agua conectado a un escurrimiento superficial, es federal; entonces el problema es que cuando la planicie tabasqueña se inunda todo sería estrictamente de índole federal”, de acuerdo con él, esta problemática genera otorgamientos de suelo urbano por parte de los municipios “el municipio sigue dando permisos de construcción, y hay verdaderas aberraciones como la laguna el Negro que tiene un letrero que dice propiedad de… que no debe ser propiedad de nadie, ese sí donde le veas es un cuerpo de agua permanente, es una enorme lagunota”.

Paraíso. Al fondo mangle blanco. Foto: Lourdes Hernández
Paraíso. Al fondo mangle blanco. Foto: Lourdes Hernández
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