Cómo se rescata una lengua

Salma Abo Harp
July 26, 2017

Casa de don Manuel y su hijo José Manuel.

En un pueblo de Jalpa de Méndez, cuatro viejos y un hombre pretenden rescatar la Numdi Oodi, una lengua variante del Mixe-Zoqueano, considerada en México como la que se encuentra en mayor riesgo de desaparecer. La extinción se evitará con los niños que aprendan de los mayores esta lengua.

Don Manuel lee con su voz octogenaria una lista con frases de cortesía en su lengua Numdi Oodi. A su lado una niña replica las palabras en español:

— Ju’ na

— Hola

— Muy guübük tzunyi

— Buenos días

— Muy guübük tec jaama

— Buenas tardes

— Guübük tzu

— Buenas noches

         Es una mañana de verano en Ayapa, un poblado de 5 mil 640 habitantes a 55 kilómetros de Villahermosa. La escena con el viejo y la niña se desarrolla en la biblioteca rural, en donde don Manuel, don Isidro, don Cirilo, don Manuel y su hijo José Manuel, cuatro viejos y un hombre de 34 años, se han propuesto rescatar la lengua de sus ancestros enseñándola a los niños. Los viejos pertenecen a los 21 hablantes de la lengua en Ayapa. De acuerdo con la Comisión Nacional Para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), entre las 23 lenguas del país con la clasificación de “Extinción acelerada” la Numdi Oodi corre el mayor peligro de desaparecer. Todos sus hablantes son personas mayores. Cuando mueran, la lengua verdadera morirá con ellos. A menos que los retoños se multipliquen y crezcan, para que la tumba no selle los labios de los hablantes de Ayapaneco.

Al frente don Isidro, en el fondo una sesión del taller “El retoño de mis raíces”.

         Cada sábado a las 10 de la mañana comienza el taller Ñe nyo’n ndxe chií gax (el retoño de mis raíces), aquí los jornaleros se convierten en maestros, tratando de enmendar el error de no haber legado la palabra a sus descendientes. Los mayores narran que en las escuelas primarias del gobierno de Tomás Garrido, maestros reprimían a sus alumnos con castigos físicos por hablar su lengua, así poco a poco el español fue supliendo al ayapaneco, además de la emigración de muchos habitantes. Dato curioso: según datos oficiales en la Ciudad de México existen 5 hablantes, 2 en Sonora y 1 en Tamaulipas.

         Hoy los alumnos apenas son un puñado. Luego sabré que me ha tocado un mal día para presenciar el taller, en los mejores cerca de cuarenta niños y adolescentes acuden a aprender Numdi Oodi. Una niña y un niño se sientan frente a una mesa para escuchar la lección uno: saludos comunes, de la boca de don Isidro, don Manuel y su hijo. Ellos tienen a su cargo enseñar a los nuevos retoños. “Es cuestión de que le eches ganas”, le aconseja José Manuel a la niña, comparando su progreso con el del niño de menos años, pero más avanzado en las lecciones, que copia en su libreta la lista de saludos comunes mientras don Isidro la sostiene.

         México cuenta con 11 familias lingüísticas, 68 lenguas y 364 variantes lingüísticas. El zoque Ayapaneco, Zoqueano del Golfo, o simplemente Ayapaneco es una variante de la familia lingüística Mixe-Zoque. Durante siglos sus hablantes estuvieron fuera del radar hasta que en 1966 el historiador y lingüista Antonio García de León visitó Ayapa. En esas fechas en la comunidad de 2 mil habitantes vivían 150 hablantes de la Numdi Oodi, “todos mayores de 35 años”. García de León realizó estudios alternando estadías a lo largo dos años. En este lapso elaboró “un pequeño vocabulario” y grabó en cinta magnética 2 relatos sobrenaturales contados por Rafael Jiménez: La niña capturada por el duende y los brujos que se convertían en chivos.

         Después de ese primer acercamiento hace medio siglo diversos lingüistas de diferentes nacionalidades visitaron Ayapa para estudiar su lengua. Entre los más recientes está el antropólogo estadunidense Daniel F. Suslak, que se ha encargado de desmentir las historias falsas que han surgido alrededor de la Numdi Oodi. La más conocida: don Manuel y don Isidro son los últimos hablantes de la lengua y están peleados, si ellos mueren la lengua morirá con ellos. La historia fue replicada en medios nacionales e internacionales, inclusive una empresa de telefonía alemana usó este argumento para hacer la campaña de marketing, Viva Ayapaneco: en un vídeo grabado en Ayapa se presentaban como los salvadores de la lengua y los creadores de la escuela de Ayapaneco. Todo era falso. Los dos viejos no se hablaban porque no tenían nada en común. Hoy los veo a ambos sentados en la misma mesa en el papel de maestros, enseñando a los más pequeños a hablar en su lengua.

         Sobre el Mixe-Zoqueano Suslak escribe: “puede que nunca hayas escuchado de esta familia lingüística, pero hay al menos dos cosas que vale la pena saber. Uno de los más viejos sistemas de escritura, llamado epiolmeca, fue inventado por hablantes del lenguaje Mixe-Zoqueano. La escritura epiolmeca existió por aproximadamente 500 años, entre el 300 A.C y 200 D.C. Y luego está la palabra cacao, el árbol del que proviene el chocolate. Esta palabra es la contribución Mixe-Zoqueana más famosa a nuestro vocabulario global; en Ayapaneco se pronuncia kaagwa”.

            “La lengua ayapaneco se separó del resto del zoqueano del Golfo cerca de la fecha en que España conquistó México hace cinco siglos. Una estimación confiable es que emergió hace 600 o 700 años. Nunca tuvo más de 500 hablantes. Siempre estuvieron rodeados y mezclados con más grandes y poderosos grupos de personas: hablantes de Nahuatl, el lenguaje de los Aztecas; lengua Maya y Chontal; así como de español y frances. Es notable que después de todo este tiempo, y con tan pocos hablantes nativos para empezar, alguien pueda todavía hablar Ayapaneco”, observa el antropólogo en su sitio web.

            Carolina y Alejandra son dos de las alumnas más avanzadas de la clase. Las adolescentes toman las lecciones de Numdi Oodi desde hace tres años, cuando el taller se impartía en la casa de don Manuel y su hijo. Las dos chicas repiten las frases escritas en un memorama elaborado en el taller El retoño de mis raíces que el INALI editó e imprimió en coloridas tarjetitas. Cada una escucha atenta la pronunciación en boca de sus maestros, Don Manuel Segovia (el menor de los dos señores Manueles, porque además de compartir la lengua comparten el nombre) y de don Cirilo, el hermano menor de don Isidro.

             Alejandra pronto cumplirá 15 años. Bromea con don Cirilo mientras afina su pronunciación.

        —¿Por qué decidiste acudir al taller? Le pregunto. La adolescente contesta animada con una anécdota:

      —Es curioso porque un amigo me invitó. Mi mamá no me dejaba venir porque es super desconfiada, no me deja salir mucho. Yo no vivo con ella, yo vivo con mi abuelita, ella me dijo, “ve a escondidas, yo le digo a tu mamá que saliste a comprar o algo así”. Entonces yo estuve viniendo todos los sábados, y mi abuelita le decía que yo iba a hacer tarea, hasta que un día me invitaron a ir a la Ciudad de México los del INALI al festival del Museo Nacional de Antropología, pero tenía que llevar a alguien. Mi abuelita no quería ir entonces le tuve que decir a mi mamá para que ella me acompañara. Primero me regañó, pero después se dio cuenta que en serio me gustaba.

            —¿Qué te motivó a aprender?

           —Mi abuelito. Yo no sabía que había una lengua, entonces él me había platicado que don Manuel le había comentado que ya estaba regresando la lengua y la querían rescatar. Antes de que falleciera me dijo que a él le gustaría mucho que yo aprendiera esto porque iba a ser super bonito que una de sus bisnietas fuera como él, entonces él me inspiró mucho desde chiquita, como no tuve una figura paterna real él se convirtió en mi papá, me inspiró a salir adelante y me convencí por él porque mi abuelita me dijo que para hacerlo feliz ahí donde sea que estuviera y me gustó, primero me parecía aburrido pero me fui interesando más y fui descubriendo cosas y pues me gustó.

         Don Manuel y su hijo José Manuel se animaron a rescatar la lengua de sus ancestros cuando investigadores extranjeros y medios de comunicación arribaron a Ayapa a mediados de la década pasada. Aunque el padre era reticente para enseñarle la Numdi Oodi a su hijo, se dio cuenta del error y comenzó a transmitirle su lengua cuando José Manuel había pasado los 23 años.

          Hace un año la biblioteca del pueblo es sede del taller El retoño de mis raíces, “eso fue una iniciativa que tomaron los del INALI, de cambiarse hacia acá y de hecho ya tiene un año que se cambió el taller para acá. Nosotros trabajamos allá en la casa durante tres años y mucho antes de eso ya teníamos como 7 años atrás trabajando también por nuestra cuenta. Los últimos 3 años ya fueron donde se integraron también los otros señores y fue donde intervino el INALI, porque anteriormente no teníamos ningún tipo de apoyo de autoridades para impulsar este trabajo”, explica José Manuel al terminar la lección de este sábado.

           El logo del taller es el tronco de un árbol talado del cual surge un pequeño retoño al que un niño riega con agua. José Manuel dice que esta idea es suya. Para el logo y el nombre se inspiró en la historia de los indígenas zoques en Ayapa. “La lengua es como un árbol, un árbol al que lo cortan al ras del suelo, tajante, sin darle tiempo a nada. Al paso del tiempo alguien llega y ve que todavía tiene vida ese árbol, todavía no ha muerto, entonces comienzan a regarlo hasta que el árbol empieza a retoñar nuevamente y por eso se llama el retoño de mis raíces, porque es un árbol que a pesar de no haber echado retoños estaba vivo y con los cuidados y el interés ha vuelto a retoñar; ese es los niños que hoy tienen el interés por volver a aprender la lengua, el tronco son todos los señores que volvieron a tomar la iniciativa de cooperar para que podamos volver a enseñar a los niños y el retoño ahora floreando son todos los niños que han crecido. Ahorita ya salió un retoño y esperamos que salgan muchos más”.

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