Reflexiones sobre “Me gustan valentones”

Félix Landa
June 20, 2017

“Rompe unos cuatro hocicos, avienta unos plomazos y verás cómo te respetarán”

Por

Félix Landa

 

INTRODUCCIÓN

 

La noción de la figura masculina no se debe nada más a un sistema de género del que participen tanto el público como el cineasta, sino que se trata del rol del cine como portador o cuestionador de las ideologías hegemónicas. Los pronósticos de Lumiére respecto a su invento (que sería tan sólo una moda sin repercusiones) resultaban equivocados, y más equivocados a medida que el cine se desarrollaba, complicaba y enriquecía.

El presente texto pretende ahondar y reflexionar en torno a  los conceptos de: macho, charro y “el otro”, aquel que es extranjero. Para tales fines se analizará la película ¡Me gustan valentones! (1959), misma que mezcla los géneros de la comedia, el western y el romance. Trata de que mientras busca protegerse de las agresiones del “Pantaleón” y otros hombres, una hacendada se casa con un mexicano recién llegado de Estados Unidos. Sin embargo, para su sorpresa, el hombre parece no ser tan valiente como ella e intentará humillarlo constantemente hasta que él decida dar a conocer su verdadera identidad.

La película fue dirigida por Julián Soler, con guion de Janet Alcoriza, Luis Alcoriza, Julián Soler, Alfredo Varela y producido por Producciones Sotomayor.

 

MACHO

 

En muchas ocasiones se ha considerado el machismo como un fenómeno inherente a la sociedad mexicana. En la década de los cuarenta se comenzó a formar el estereotipo del “Macho”, adjetivo que se le da a la actitud de un tipo valiente, fuerte y que no teme a nada. El cine mexicano logró demostrar esta forma de vida con personajes que marcarían la identidad de los habitantes de un México post revolucionario.

 

Paciencia Ontañón de Lope menciona que la indudable índole neurótica del macho como sujeto portador de dos personalidades: una real (apenas visible) y otra ficticia, que usa para ocultar a la sociedad y para ocultarse a sí mismo la primera, la cual está formada por sentimientos profundos de minusvalía, auto desconfianza, temor a los demás e hipersensibilidad. Todo ello unido a una obsesión fálica, resultado de un concepto empobrecido de sí mismo, y a una inestabilidad que obliga a desatender al yo y a la realidad, muestras claras de inmadurez. Por otro lado, es evidente en la sociedad mexicana la fuerza de la figura materna, que en muchas ocasiones realiza por sí misma los dos roles, paterno y materno, con el desequilibrio que conlleva todo ello. Propiciado por la propia madre, dentro del ambiente familiar, coexisten la admiración por lo “masculino” y el desprecio por lo “femenino”, la sumisión hacia la autoridad paterna (aunque no exista) y una fuerte valoración de la virginidad en las mujeres.

 

CHARRO

 

“El ser charro no es una moda, es el estilo de vida que había en mi casa y que lo hay ahora en la mía y que afortunadamente mis hijos no sólo lo conocen, sino que lo han adoptado”, declaró en entrevista con Crónica Pepe Aguilar, quien afirmó que su padre (Antonio Aguilar), tenía, en aproximado, más de 500 trajes de charro, los cuales son conservados por su madre, otra cantante que es considerada una de las grandes exponentes de esta tradición, la intérprete Flor Silvestre. El hijo del llamado Charro de México, aseguró que portar un traje de charro, “significa un honor muy grande”, reveló  y afirmó que “prácticamente el género se definía con una foto de mi padre”.

 

La charrería implica el montar a caballo y realizar distintos movimientos que son considerados originalmente como un deporte, a competición con otros charros, sin embargo, hay cantantes que decidieron utilizar los trajes de charrería para realizar una carrera en la escena musical con la música tradicional.

 

A partir de su aparición en el celuloide, el “Charro” se convirtió en un tipo macho, amante del tequila y de las mujeres, que fue borracho, parrandero y jugador, tal y como vendría a definirlo el famoso corrido de “Juan Charrasqueado”.

La época de oro del cine mexicano se caracterizó por producir filmes que mostraban la tradición de la charrería, en la que un gran número de actores portaban su traje y le enseñaron al mundo que “Como México no hay dos”, y que “Jalisco nunca pierde y cuando pierde arrebata”.

 

“EL OTRO”, AQUEL QUE ES EXTRANJERO

 

La masa es todo lo que no se valora a sí mismo –ni en bien, ni en mal- mediante razones especiales, pero que se siente “como todo el mundo” y sin embargo no se angustia, es más se siente a sus anchas al reconocerse idéntico a los demás. La masa arrasa todo lo que es diferente, singular, individual, cualificado y seleccionado. Ortega y Gasset, 1930.

 

… pero el otro no se deja eliminar; subsiste, persiste; es el hueso duro de roer en que la razón se deja los dientes. Antonio Machado.

 

CONTEXTO

 

Durante la época posrevolucionaria, a partir de los años de la década de 1930, se impulsó el proyecto que buscaba lograr el desarrollo industrial y urbano del país, e integrar la nación a la modernidad, de acuerdo con el modelo socioeconómico deseado por el sistema político mexicano. Con el cine, que suplió a la radio en el entretenimiento y la formación sentimental, al decir de Monsiváis, el público aprendió los caminos del nuevo lenguaje de la modernización; así, de manera superficial los espectadores entendieron los cambios que les afectaban con la erosión de su anterior vida rural, cultura que hasta entonces todos habían creído eterna; y, sobre todo, los acostumbró a la vida de opresión que acarreaba la industrialización. El contraste entre la luz de la pantalla y la oscuridad de la sala, según Julia Tuñón, propiciaba la relación afectiva del espectador con los personajes representados que encarnaban sus deseos; ofreciéndole a la sociedad un modelo de la moral social aceptada y dominante, que al mismo tiempo dejaba pasar, con sus dobles mensajes, lo considerado indebido. En el ambiente de la aglomeración urbana, y los largos horarios laborales, la producción cinematográfica le mostraría a la población que lo íntimo no es lo que se vive, sino lo que se desearía vivir; conduciéndoles a soñar que lo más colectivo integraba lo más personal, encontrando su identidad sobre todo en el melodrama. En donde el gran público, de pueblo y barriada, haría uso de las tramas cinematográficas para reinventar los ambientes familiares con base en las actuaciones de sus héroes y heroínas; los actores de carácter mostrarían con sus aspectos memorables las formas de actuar de acuerdo con las circunstancias; aunado a la ridiculez y maldad de tontos y villanos, la generosidad de tías y compadres solícitos, y los arquetipos y estereotipos de profesionistas, artesanos, tenderos, taberneros, curas, policías y, por qué no, de cabareteras y prostitutas, lo que permitiría a los espectadores reconocerse, y ser reconocidos, dentro del tropel urbano de barrios, colonias y vialidades.

 

PELÍCULA

 

De 95 minutos de duración, en formato blanco y negro, la película inicia  con una mujer vociferando en plena persecución a todo galope, gritando y accionando su pistola con el objetivo de encontrar a Pantaleón para retarlo a duelo y de esta forma cobrar las ofensas recibidas. En esta primera escena vemos algo poco usual en el cine nacional, la mujer empoderada, en ese entonces (1959) y aún hoy en día.

Después de los créditos iniciales se observa la llegada al pueblo, en donde se desarrollará la historia, de un extranjero, un hombre que viene del norte en busca del Rancho “Los Nopales”, la presencia de “el otro” genera desconfianza en los residentes y cada vez más se percibe un ambiente hostil, la frase común para advertir su llegada es “Ahí viene un foreño”. Esta actitud, reflejada en la película, no es un asunto regional o exclusivamente mexicano, sino que es una práctica que comúnmente se ve en muchas regiones, por ejemplo, Cliford Geertz en “La interpretación de las culturas”, retrata lo difícil que fue integrarse, por ser extranjero, en la comunidad de Bali con el fin de estudiar el peso simbólico en la crianza y en las peleas de gallos.

 

La aceptación del individuo en el grupo solo se da cuando “el otro” entiende la dinámica social, los valores y las costumbres que rigen en la comunidad, en el caso de Geertz se da de forma fortuita, durante una redada policial durante una pelea de gallos, éste en lugar de hacer uso de posición como académico extranjero decide huir, junto con su esposa, como los demás, con esta acción, no premeditada, logra ser aceptado por la comunidad. En el caso del filme, el personaje extranjero, Rogelio, interpretado por Eulalio González “Piporro”, logra su integración total cuando identifica las formas de conducta y decide replicarlas y finalmente cuando es identificado como sobrino de Doña Chayo y primo de La Chelita, protagonista de la película e interpretada por Rosita Quintana, ambas son personas relevantes en el pueblo.

 

La razón de la llegada de Rogelio en el rancho es buscar empleo, Chelita le da la bienvenida, para sorpresa de quienes la conocen pues la forma de actuar hacia Rogelio dista de mucho de lo que es en realidad, una de las habitantes se refiere a ella como “La marimacho esa”, prueba del cambio radical en el actuar de la protagonista se ve en el minuto once, cuando ella está dispuesta a salir al encuentro de su primo, vistiendo un bello vestido pero calzando botas, al darse cuenta de ello regresa a su cuarto para quitárselas. Con la entendida larga estadía que tendrá Rogelio en el rancho, La Chelita decide ponerlo como encargado debido a que Tener un hombre en la casa da tranquilidad.

 

  • Tú te ves muy valiente, audaz, decidido… capaz de hacer cualquier cosa por defender a una mujer. ¿No usas pistola?

 

Como en Bali, el gallo victorioso es muestra de la hombría, en México las pistolas fungen como símbolo de valentía. Concepto arraigado en la protagonista ya que su padre legó una considerable cantidad de armas, se entiende que era el clásico macho y que muchas de las armas las obtuvo al matar a sus dueños anteriores. Ejemplo que espera deseosamente siga Rogelio.

 

Ella advierte “Que no te vean blandito porque te agarran de cochinito” tomar ventaja del que es diferente es una actitud validada por la masa.

Para Robert Wiener el ser humano no actúa ni es actuado; más bien reacciona ante la reacción de otros seres humanos. Y se concibe como un elemento del sistema que no tiene cuerpo, sino que es producto de las interacciones.

Ante cualquier tipo de ofensa entre hombres se hace presente el reto a duelo de pistolas “Esto es lo usual por aquí”.

En el transcurrir de la historia queda claro La Chelita es independiente y de carácter fuerte, no necesita de un hombre para cuidarse o para encargarse del rancho pero debido a las tradiciones ella cree que sí, sin embargo el hombre que aceptará debe de llenar sus expectativas, esto es, encarnar el arquetipo del macho mexicano. Paciencia Otañón señala que el machismo es propiciado por la propia madre, dentro del ambiente familiar, coexisten la admiración por lo “masculino” y el desprecio por lo “femenino”, la sumisión hacia la autoridad paterna (aunque no exista) y una fuerte valoración de la virginidad en las mujeres.

 

Eventualmente se esclarece la razón por la cual La Chelita busca insistentemente a Rogelio, Pataleón (el villano de la historia) quiere a La chelita como su mujer, para lograrlo mata y ahuyenta a cualquier hombre que se le acerca, ella se reúsa tajantemente a tener cualquier tipo de relación con él, ¿Necesita un hombre que enfrente a Pantaleón por ella? Sí, y usará la manipulación y seducción para lograr que Rogelio la liberé del acoso. Ella declara “lo hará (matarlo) porque es un macho”. Rogelio al enterarse de la intenciones de La Chelita y al ser advertido por Pantaleón en persona decide no hacerle frente causando el desprecio de la Chelita por considerarlo cobarde.

 

Ante la desilusión se encuentra resignada a la idea de no encontrar un hombre (valiente) que la defienda de las intenciones de Pantaleón, hasta que encuentra en una revista la descripción de José González. “caballero mexicano, residente en los EE.UU aunque su corazón vive en México. Salí de pequeño de mi tierra y ansío volver al suelo patrio por lo que desearía tener relaciones, señorita mexicana. Fines matrimoniales, soy solvente, honrado y trabajador.” Las características de José impresionan a la protagonista, entablan comunicación y acuerdan intercambiar fotografías, mismas que no reflejan lo que cada uno son, ella vuelve a vestirse como cuando recibió a Rogelio y él opta por aparecer vestido de charro, “todo un macho” en una clara intención y/o necesidad de impresionar o ser aceptado de acuerdo al perfil cultural. En TEORÍA DE LA INTERPRETACIÓN. LA EXPLICACIÓN Y LA COMPRENSIÓN de Paul Ricoeur analiza y ahonda en la relatividad en la percepción de nuestro contexto, y como en la mayoría de la ocasiones vemos extractos de la realidad, ya sea por limitaciones físicas, por el efecto del subconsciente o la inconsciencia, o por autoimposición, el último es el caso de los protagonistas de la historia, aceptan el engaño, por medición de la fotografía, porque están predispuestos a encontrar de forma pronta lo que uno busca/necesita en el otro.

 

Al pasar el tiempo, no mucho, Chelita decide organizar una gran fiesta de bienvenida para José (ya casados, a distancia y por medio de un representante, irónicamente llevado a cabo por Rogelio), el esmero en los preparativos llama la atención de los habitantes del pueblo, la encargada de la tienda local exclama “su marido es bien macho, necesita beber mucho” aquí encontramos otro símbolo relacionado con la hombría, el alcohol. El alcohólico suele ser pasivo-receptivo y el licor actúa en él como un estímulo del complejo de masculinidad, al proporcionarle la sensación de aumento de su capacidad sexual. De esta manera, el machismo alcohólico es una reacción al temor por las mujeres y una compensación para la pasividad del sujeto; al mismo tiempo proporciona un exaltado poder de hombría y halaga el complejo de masculinidad. Es, además, un medio de obtener placer sin molestias, prescindiendo de las mujeres.

 

La llegada de José es en jeep no en caballo, vestido de la forma en que lo hacía en los Estados Unidos de América, no como en la fotografía en donde aparece vestido de charro. Ante el reclamo de La Chelita, José responde “Lo de la foto fue una broma o ganas de sentirme muy mexicano”, queda en evidencia el contraste de los imaginarios propios, de acuerdo a Geertz son los símbolos que corresponden a la sociedad. José se sabe extranjero por lo tanto entiende que debe aprender y respetar las costumbres locales con excepción del uso de pistola, ante esto Rogelio entra en la dinámica del pueblo, se refiere a José como el fuereño, antes extranjero ahora trata con desprecio al nuevo en el pueblo. El pueblo aceptó a Rogelio porque este entendió la cultura del lugar, a diferencia de José que al tratar de ser aceptado acepta los malos tratos, al darse cuenta de esto, los hombres del pueblo toman cada vez más ventaja causando gran vergüenza en Chelita. La visión de José sobre la vida es diferente, probablemente por haber vivido en el extranjero.

 

Ante la supuesta muerte de Pantaleón, Rogelio cambia de actitud, viste de charro, antes lo hacía de norteño, actúa como macho con el fin de ocupar el lugar de Pantaleón. Eventualmente desiste, influenciado y advertido por La chelita. Hay un nuevo cambio de actitud y se dispone a aceptar a José y trata de facilitar su adaptación, misma que no es fácil, José entiende los modos de actuar de los hombres, identifica los retos pero él no responde por decisión no por cobardía, sin embargo le duele.

 

– ¿Por qué les huyes a los hombres?, lo enfrenta la protagonista.

– No les huyo.

– Entonces ¿Por qué no haces frente?

– ¿Pero qué idea tienes tú y todos de lo que es el valor? La hombría no se demuestra tomando tragos, echando bala o andando de matón por las cantinas. No Chelita,  el valor es otra cosa. Yo busco pa´mi y pa´todos la paz y el sosiego. Ya verás cuando me conozcan mejor y vean que solo quiero trabajar y ser amigo de todos, y ayudarlos y ser útil, acabarán por quererme.

– Pero no puede ser, entre más bueno te vean más te van a querer jinetear. Rompe unos cuatro hocicos, avienta unos plomazos y verás cómo te respetarán.

– No Chelita, pídeme todo lo que tú quieras, sacrificios, menos pelear.

– No entiendo tu pensamiento, pero mientras tú no me demuestres que eres un hombre yo seré tu mujer aunque te quiera con toda mi alma.

 

A la fiesta de cumpleaños de Chelita llega José vestido de charro impresionando a todos. Solo te falta algo, dice Chelita y le entrega una pistola, misma que rechaza José, a lo que Chelita replica.

  • Un charro sin pistola se ve tan mal como un santo con ella.

 

Durante la fiesta se aprecian las diferencias de apreciación sobre una misma acción debido a la connotación cultural, que en ambos casos José desconoce.

Uno, invitan a bailar a su esposa. Él acepta para sorpresa de Chelita.

Dos, a una mujer se le cae su pañuelo, José, amablemente, lo levanta y se lo da, causando la ira de su esposo.

 

  • El pañuelo se da en prenda de compromiso y nadie más que el novio o el marido tiene derecho…
  • Perdóneme pero yo no sabía esa costumbre
  • Pues ya la sabe
  • No traté de ofenderlo
  • Inténtelo y verá cómo le va.

El conflicto es interrumpido por Rogelio pidiendo a Chelita que cante, ella accede utilizando los versos para reclamar y humillar a José.

Ante una nueva humillación hacia José, Chela desespera hasta el punto de desear que Pantaleón viviera para poder ser su mujer. En el reclamo, José finalmente aclara porque no accede a las arma, no por cobardía, ni miedo a que lo maten sino a que él mate. Saca el contenido de un cofre, son recortes de periódicos con su fotografía y una medalla que ganó en la guerra de Corea.

 

  • Mira a este pobre sargento de origen mexicano que mereció la medalla al congreso por su…por su cobardía. He visto caer a mi lado a mis amigos destrozados por la metralla y estas manos han matado a miles de hombres. Después de aquello juré no volver a pelear y vine aquí en busca de paz, esa paz que por lo visto los hombres desprecian y prefiero ser un cobarde antes de volver a matar a un semejante… ya que lo sabes todo te demostraré que no miento y si para tener paz, respeto y amor hace falta matar, lo haré por última vez para que me dejen vivir como yo quiero.

 

José va al pueblo, entra a una cantina y empieza una trifulca, demostrando su habilidad en la pelea, en la misma es ayudado por Rogelio. Al salir victorioso de la cantina se topa con Pantaleón (no estaba muerto) y empiezan a pelear. Finalmente José gana la dura batalla.

 

  • Ahora te toca a ti, le dice José a Chelita.

 

Ella sale huyendo a caballo hacia el rancho, él la persigue en su Jeep. Al llegar al rancho la atrapa y se encierra con ella en su cuarto, amarrándola en su cama, pareciera que la va a agredir físicamente cuando en realidad la seduce para finalmente consumar el matrimonio.

Lo anterior no es un momento de empoderamiento por parte de José, no se aprecia avance o desarrollo por parte del protagonista ni cambios significativos en los personajes que lo rodean, por el contrario, lo que vemos es la rendición de los ideales a consecuencia de la constante presión. UN FINAL FELIZ.

 

CONSIDERACIONES FINALES

Es así como era retratado el machismo en el cine mexicano y con seguridad en el resto de los medios masivos de comunicación. Sin embargo, haciendo un análisis del contexto actual podemos darnos cuenta que las cosas no han cambiado mucho, el machismo no es un fenómeno exclusivo de nuestro país, tampoco se presenta únicamente en el genero masculino, es un problema que afecta a la sociedad en general y que poco se ha hecho para erradicarlo.

ALGUNOS DATOS

Las cifras oficiales mexicanas y un reciente estudio del Banco Mundial no dejan lugar a dudas; México es un país profundamente machista: 46.1 por ciento de las mujeres mexicanas han sido víctimas de violencia por su novio, esposo, concubino…

En México, según el mismo estudio, 29 por ciento de las mujeres víctimas de la violencia no denuncia “porque creen que ser víctimas es algo insignificante, que no es digno de atención”. Además, 18 por ciento de las mujeres violentadas en su intimidad, no denuncian “por preocupación a que sus hijos sufran”, 14 por ciento no lo hacen “por vergüenza” y otro 14 por ciento se abstienen de denunciar la violencia de que fueron víctimas “por temor a represalias de sus parejas”.

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