Niños del mundo en ambientes intolerables

Sheila Ignacio
June 6, 2017

Agustina era una niña que vivía a las afueras de la Ciudad de México, iba en segundo grado de primaria y llegaba a la escuela con el uniforme viejo, su falda con los tablones desmarcados, su mochila remendada. Le decían “Agustina la piojosa, tonta y puerca”, a lo que ella respondía “piojosa y tonta sí, pero puerca no”. Agustina quería ser como Karla, la hija de la maestra, jefa de grupo, que llegaba bien peinadita. Un día fue al baño de las niñas y encontró en la puerta una leyenda que decía “PUTA KARLA”, y aunque Agustina no sabía leer bien, como anhelaba parecerse a Karla, escribió: PUTA AGUSTINA, y sonrió, mejor: PUTA AGUSTINA DE 2°B.

La violencia en muchos de los países en vías de desarrollo ha mermado la infancia de los niños; sus habitantes tienen que desprenderse de su inocencia para desarrollarse en ambientes hostiles, donde se instala la desigualdad como progenitora de la inseguridad y la violencia. Los padres en estos ambientes poca atención pueden dar a los hijos, están inmersos en sus problemas económicos, estresados por el trabajo insatisfactorio, temerosos por la delincuencia o, en los peores casos, evadiendo la realidad con adicciones.

La búsqueda de oportunidades siempre es una competencia en la que ganará quien arriesgue más, quien labore más, quien invierta más tiempo en su trabajo que en su hogar. Tal paradoja es poner en juego el cuidado de su familia queriendo brindarle mayor seguridad. Vivimos en un mundo donde los padres no saben quién está a cargo de sus pequeños, hay instituciones que cuidan de una inmensa cantidad de niños cuyos padres pasan el día salvando los intereses económicos de la familia, da miedo sólo recordar la tragedia de la guardería ABC en Sonora, que dejó 49 menores fallecidos y más de 100 lesionados. El contexto nos orilla a situaciones de riesgo, además de generar factores para la mala relación familiar.

La desigualdad de oportunidades es la causa de las noticias más recurrentes en el periódico. Cubrir necesidades como el alimento, la vivienda, la libertad no es realizable para toda la población mexicana, incluso la mayor parte está en condiciones de pobreza y el número crece. La ONU define la pobreza como “la negación de opciones y oportunidades de vivir una vida tolerable”. Y habría que preguntarnos ¿cómo puede habitar un niño en un basurero y mantenerse a salvo? ¿Cómo pueden desarrollarse en lugares plagados de pandillas y delincuentes? No es tolerable una vida así, las consecuencias no favorables son para la sociedad entera.

Cuando hablamos de migración la mayoría de veces pensamos en hombres cruzando la frontera con una mochila en la espalada, sin embargo existe un panorama diferente: según datos del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, 80% de los refugiados son mujeres y niños. Entonces, son mujeres con niños en la espalda. Creo que los niños refugiados actualmente están cambiando de territorios pero no de ambiente, es el mismo que sabe a llanto y leche echada a perder.

También la falta de oportunidades -pobreza- genera individuos preocupados, adictos, ansiosos, angustiados, que muchas veces descargan sus emociones negativas en los más vulnerables de casa con golpes o maltrato psicológico. Sabemos que hay leyes que defienden la integridad del infante, sin embargo, las leyes no sirven si no se aplican, mucho menos si no se atienden problemas de la misma sociedad, como la violencia intrafamiliar. Pues ya lo han dicho académicos del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, cuando se debatía sobre implementar un nuevo sistema penal para disminuir los abusos: el nuevo sistema de justicia no resolverá por sí mismo la criminalidad, es necesario atender la desigualdad que enfrenta el país.

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