Presos de táctica política

Salma Abo Harp
May 15, 2017

“El mayor fracaso de las instituciones es tenerte preso y no poder arrancar tu libertad”

“Entonces vuestros aparatos se ven invadidos por unos reflejos de angustia permanente, reflejos que se traducen en la persecución, la intimidación y la tortura de todos aquellos que tienen otras opiniones políticas”.

-Gunter Wallraff-

Los dos hombres con playeras blancas y celulares al oído parados sobre la esquina de la avenida Francisco del Paso y Troncoso les provocaron sospechas. Al verlos, Bryan decidió regresar junto a Jaqueline al edificio que compartía con unos amigos en la unidad habitacional Kennedy.

Era medio día del 15 de noviembre de 2014 en la Ciudad de México. Cuarenta días antes, multitudes inconformes le reclamaban al Estado la desaparición de 43 estudiantes normalistas la madrugada del 27 septiembre en Iguala, Guerrero.

Jaqueline y Bryan también estaban inconformes, ambos eran activistas. Pertenecían a Guerrilla Bang Bang, un grupo de músicos que en su página de Facebook dicen estar “Hartos de lo mismo; Arte – Terrorismo”. Armados con una guitarra y un cajón peruano, la pareja le agregaba música y ritmo a sus letras que critican el quietismo del mexicano.

Subieron al departamento. Cuando vigilaban los alrededores desde las ventanas, vieron a dos extraños de blanco hablando por el celular cambiar de posición, y a uno más vestido con una playera tipo polo color azul y pantalón de mezclilla. “Está raro”, le dijo Bryan a su compañero de departamento. Antes de bajar por segunda, vez agregó: “Si tardamos mucho, búscanos”, y le pidió a otro amigo llamado Ulises que los acompañara.

Bryan era cauteloso. Fue uno de los detenidos en las manifestaciones del 1 de diciembre de 2012 en la Ciudad de México, el día del regreso del PRI a la silla presidencial. Días antes, el Congreso de San Lázaro fue blindado con un cinturón de vallas grises de metal rectangulares de dos metros de altura.

Desde la madrugada del 1 de diciembre, miles de ciudadanos se congregaron en diversos puntos de la ciudad para recordarle a Enrique Peña Nieto el desprecio que sentían por él y por la clase política que lo arropaba. Algunos leían manifiestos, gritaban consignas, y los estudiantes se hacían notar con sus porras universitarias. “Cuando desperté el dinosaurio seguía ahí”, se leía en letras negras sobre una manta blanca. Los sectores más radicales hacían explotar bombas molotov como cálida bienvenida y lanzaban petardos para hacerse escuchar.

El Estado respondió disparando balas de goma, lanzado gas pimienta, repartiendo macanazos por igual y encapsulando ciudadanos al por mayor. El saldo: un director de teatro herido en la cabeza con una bala de goma disparada por granaderos, que permaneció en coma un año hasta su muerte, y casi 100 personas detenidas. Bryan era una de ellas; estuvo 27 días en el Reclusorio Norte, y tras su liberación, se sentía vigilado.

Los tres amigos salieron del departamento. Afuera percibieron que el hombre con playera azul los seguía; los otros dos deambulaban entre las calles que rodean la unidad habitacional. La pareja de músicos se dirigía al mercado La Merced, pero debían cruzar un puente peatonal blanco que se elevaba sobre la gran avenida. En el puente, Bryan y Jaqueline notaron que a los dos hombres de playeras blancas se les unió uno más y los tres subieron detrás de ellos. Bryan lo interpretó como una forma de bloquearles el paso. Frente a él caminaba Jaqueline, y más adelante Ulises.

Al llegar a la banqueta, Bryan vio a Ulises empezar a correr. Al instante sintió sus brazos apresados y la fuerza de ocho hombres golpeándolo para someterlo. El músico gritaba, forcejeaba y abría sus piernas para impedir que lo metieran a un Chevy Monza color gris estacionado a pocos metros, pero los golpes del chofer contra su estómago y cabeza vencieron su resistencia. Cuatro mujeres rodearon a Jaqueline, quien al escuchar los gritos de Bryan regresó a auxiliarlo. Un hombre jaló de su cabello y la metió a un taxi de la Ciudad de México.

El secuestro marchaba bien.

Sin embargo, los gritos de la pareja alertaron a las personas alrededor y a un policía preventivo del Distrito Federal que se acercó al Chevy plateado, sacó su pistola, la apuntó hacia el conductor y gritó:

—¡Bájalo cabrón!

—Somos policía federal, no te metas— respondió el chófer.

Una camioneta de la policía preventiva bloqueó al taxi en el cual llevaban a Jaqueline, por lo que sus secuestradores tuvieron que identificarse. Ulises logró huir.

El Chevy gris se dirigió al Ministerio Público con Bryan en los asientos traseros, sometido, con la cabeza sobre las piernas. Estuvo estacionado alrededor de una hora afuera de la delegación. Allí el músico escuchó la voz alterada de un hombre regañando a los agentes: “Hicieron un pinche escándalo. Los vecinos se dieron cuenta, hasta un pinche policía se dio cuenta”, les recriminaba.

“El policía fue la razón por la que les salió mal el operativo”, dirá Jorge Miranda, uno de los abogados de la pareja horas después frente a los medios que reportaron el levantón. El operativo fue grabado por una cámara de vigilancia ubicada en los alrededores. En el video se observa que a las 14:44 horas del 15 de noviembre de 2014 hay un grupo de personas acercándose a un automóvil gris que se estaciona; detrás de éste, un Tsuru color guinda y amarillo hace lo mismo. En menos de un minuto secuestran a Bryan Reyes Rodriguez y a Jaqueline Selene Santana López.

En el Ministerio Público la pareja conoció el motivo de su detención: robo agravado con violencia a elementos de la Policía Federal. Se les acusó de asaltar a la agente Lydia Zárate Herrera con cuchillos de cocina, robándole 500 pesos. Zárate presentó a dos testigos: Luis Alberto Castillo Gordillo y José Montiel González. Los tres se identificaron como agentes de la Dirección General de Operaciones e Infiltración de la Coordinación de Operaciones Encubiertas de la División de Inteligencia de la Policía Federal.

El 16 de noviembre, Bryan fue trasladado del Ministerio Público al Reclusorio Preventivo Varonil Norte —el “ReNo”, para los capitalinos— 20 horas antes de que venciera el plazo constitucional para determinar su situación jurídica. Jaqueline fue trasladada al penal de Santa Martha Acatitla. El músico será uno más entre los 11 mil internos del ReNo en esas fechas; uno más para la sobrepoblación del reclusorio, con capacidad para sólo la mitad de los presos.

El pantalón negro y el abrigo oscuro que viste mientras me cuenta su detención son imposibles de usar en la cárcel. La sensación de individualidad que proporciona la ropa de civil es borrada por un conjunto de dos piezas color beige y una camisa blanca, el uniforme de los internos en proceso. Lo vistió desde esa madrugada de otoño hasta el siguiente verano, cuando se le otorgó un amparo a la pareja.

***

Conocí a Bryan en septiembre de 2012 en una manifestación del movimiento #YoSoy132Tabasco. Era uno más del contingente que recorría Tabasco 2000, una de las avenidas más importantes de la capital. Recuerdo su figura delgada caminando con su guitarra para darle música a las canciones de protesta de los manifestantes. Crucé muy pocas palabras con él esos días. Luego coincidimos en una pulquería de la Ciudad de México en octubre del 2014. Esa tarde me contó su detención en las manifestaciones del 1DMX.

Es octubre de 2015, ha pasado un año de la charla en la pulquería. Ahora no me cuenta del 1DMX, sino de su detención por el supuesto robo a una agente federal y los ocho meses de reclusión que vivió a partir de ello. Es una tarde calurosa en Coyoacán; estamos sentados sobre una banca color rojo en la plaza La Conchita, frente a una iglesia del siglo XVII cuya fachada se cae a pedazos. La imagen que recuerdo de él es la que tengo a mi derecha: un muchacho larguirucho con el cabello largo recogido en una especie de nudo sobre la cabeza, una pequeña barba en su mentón, acompañado de su guitarra y con el típico acento capitalino.

Estoy en la Ciudad de México buscando una historia que represente el lado oscuro de la realidad mexicana: las detenciones arbitrarias por motivos políticos en un país que se dice democrático, y lo que muchos llaman terrorismo de Estado: controlar a la población y a los movimientos sociales con hostigamientos, torturas, levantones, desapariciones forzadas, secuestros y asesinatos. Por eso contacté a Bryan.

El músico de flamenco y Jaqueline —estudiante de economía— son los números 115 y 116 de una lista con 314 detenciones arbitrarias documentadas de junio de 2014 a mayo de 2015 en un informe titulado “Defender los derechos humanos en México: la represión política, una práctica generalizada”, elaborado por el Comité Cerezo, una organización que desde 2001 se ha dedicado a la defensa y promoción de los derechos humanos de víctimas de represión por motivos políticos en México.

Las detenciones arbitrarias se reproducen en diversos estados del país: en Oaxaca, 13 colonos que se manifestaban contra la construcción de un gasoducto fueron sacados de sus casas por policías; en la Ciudad de México, dos periodistas fueron detenidos a inicios de 2015 mientras grababan a granaderos en una manifestación; en Quintana Roo, Pedro Celestino Canché Herrera, periodista y activista social que documentaba las protestas de la Comisión de Colonias Populares contra los cobros excesivos de agua, fue detenido bajo el delito de sabotaje a las oficinas del sistema de agua potable; a los ocho meses de su detención, la CNDH emitió la recomendación 13/2015 al gobierno de Quintana Roo donde confirma las violaciones a los derechos humanos del periodista maya.

En junio de 2015 Canché Herrera y Jacinto Librado Baños Rodriguez, fueron los primeros mexicanos reconocidos por el Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de la ONU como presos políticos. Canché Herrera fue liberado en 28 de mayo de 2015; Baños Rodriguez, abogado y defensor de los derechos de las comunidades indígenas de Oaxaca, detenido el 25 de agosto de 2013 en su domicilio ubicado en Pinotepa nacional, sigue recluido en el penal Santa María Ixcotel, en el Centro de Oaxaca, se le acusa del uso indebido de insignias y siglas de uso reservado para una corporación policial, privación ilegal de la libertad en la modalidad de secuestro y posesión de armas de fuego de uso exclusivo del Ejército, Armada y Fuerza Aérea. En la opinión 19/2015 rendida por el Grupo de Trabajo, se solicita al Estado la liberación del abogado y la reparación del daño causado por su detención.

***

—Llegué con las manos casi vacías a formarle a la fajina. Es una tortura que te ponen para extracción económica que según es limpiar, pero no tiene nada que ver con eso —relata Bryan mientras charlamos en una cafetería frente a la plaza donde iniciamos la conversación.

Los ruidos de las tazas se escuchan al fondo. Sobre nuestra mesa, hay un café americano para mí y un capuchino para Bryan. A su lado descansa su guitarra en una funda negra. La fajina “es limpiar, pero no tiene nada que ver con eso”, explica; es una bienvenida al reclusorio, una actividad ilegal en la que un interno compra una concesión de un área a los custodios. Ésta le otorga el poder para extorsionar a los otros reos, obligándolos a limpiar y cobrándoles si se niegan a hacerlo; las cuotas son mensuales y rondan los 3 mil pesos. Aquí el dinero manda, es la misma ley que impera afuera: si la quieres librar, tienes que pagar.

—El chiste es caminar como dos o tres horas de cuclillas en círculos, con las manos pegadas al piso. Esta forma se llama “patito” y tienes que ir diciendo “Cua, cua, no vuelvo a robar”, dando vueltas. La otra son carritos: las piernas y brazos completamente estirados con las manos en el piso.

Al no entender, le pido que me explique. Alza una mano sobre la mesa.

—Estos son tus brazos y estas son tus piernas, entonces tienes que hacer así.

Bryan acerca y aleja sus dedos índice y pulgar; como una letra V que se abre y se cierra.

—Después le dije a la dirección que eso era abuso a mis derechos humanos y que neta no lo iba a hacer, porque con los presos yo no discutí. Por el contrario, era como romper esa relación entre presos y autoridades. Siempre me quedé callado y me decían: “Oye, ¿no quieres darnos dinero? Si nos das 3 mil pesos, esa es la primer cuota”. Le van bajando para que ya no hagas eso. Pero si a nadie les da dinero, te empiezan a quitar la ropa, a mojar, a pegar para que sea cada vez más difícil.

La fajina no es exclusiva del ReNo. Reclusos en diversos puntos del país han denunciado abusos dentro de las cárceles. Son el pan de cada día. También los cobros por el pase de lista, por la estancia, la comida. En las cárceles del país existe un autogobierno de los reos más poderosos coludidos con los custodios para extorsionar a los internos.

En diciembre de 2011, presuntos internos del ReNo denunciaron desde la cuenta la cuenta de Twitter @internoReno las condiciones de reclusión en que vivían.

—¿A qué se debe que ustedes tengan ese privilegio? —preguntaban usuarios de la red social refiriéndose al celular en el que tuiteaban.

—A que pagamos —respondieron los internos.

También exhibieron las “cabañas” en un video publicado en internet: una especie de motel colocado en la explanada construido con hule espuma y cobijas. “Se cobran $150 pesos por cabaña y son como 100”, tuitearon los supuestos internos.

Días después, la Subsecretaria del Sistema Penitenciario emitió un comunicado en el que informaba que las cabañas habían sido removidas. No obstante, a los 26 días, el motel se colocó de nuevo, según una nota del diario Reforma. “Un estudio de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) sobre los centros de reclusión capitalinos indica que las ‘cabañas’ son ocupadas para el consumo y venta de drogas, para el comercio sexual y hasta para el tráfico de armas”, se lee en la nota con fecha del 31 de enero de 2011.

***

—Está muy cabrón porque a partir de eso parece como si la vida se hubiera convertido en una película —dice entre risas Bryan, un poco en broma, un poco en serio.

La historia que relatará en estos dos días tiene los ingredientes de un blockbuster de acción: espías, desapariciones, cárceles, celulares intervenidos, armas y un plan frustrado que agregó tensión a la trama.

—¿Por qué tanto empeño en perseguir a dos activistas? —le pregunto.

—Todo es un producto social mediático, hasta que la realidad se torna a los intereses políticos de un régimen. Tampoco es que yo haya hecho algo importante. Solamente fue algo aleatorio. Sandino, Julián y yo teníamos en común nada más lo mediático.

Sus compañeros también denunciaron persecuciones y levantones en las mismas fechas, entre ellos el ex integrante de #Yosoy132 Sandino Bucio Dovalí, secuestrado por cuatro sujetos la tarde del 28 de noviembre de 2014, una semana después del operativo contra Bryan.

Sandino tuvo suerte. El levantón fue registrado en un video de un minuto difundido en las redes sociales. En la grabación se observa un Chevy Monza gris estacionado con un hombre al volante mientras otros tres, vestidos con pantalones de mezclilla y sudaderas, forcejean con Bucio para meterlo en los asientos traseros del carro. Se escuchan los gritos del muchacho pidiendo auxilio y resistiéndose a entrar en el auto, sin éxito. Bucio apareció horas después en las oficinas de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO).

—Yo creo que fue una idea bien calculada. “Llévate a esos para que sepan que estamos levantando gente, y luego llévate otros para que vean que es en serio” —afirma Bryan.

La táctica para desmovilizar colectivos y movimientos sociales tuvo su efecto: “Mucha gente que estaba luchando dejó de hacerlo”. Para Bryan todo estaba calculado, él sólo fue un preso de táctica política.

En su estadía en el Reclusorio Norte conoció en la Sección de Ingreso a Fernando Bárcenas, un preso anarquista de 19 años estudiante del CCH Vallejo. Está en el ReNo sentenciando a una condena de cinco años y nueve meses, acusado de quemar el arbolito de navidad de la empresa Coca Cola el 13 de diciembre de 2013 en las protestas contra el alza a la tarifa del metro de la Ciudad de México.

En los ocho meses en el ReNo, entre Bryan y Bárcenas surgió una camaradería. El chico de 19 años había colocado sobre una pared del área de ingreso un periódico mural. Además de las frases anarquistas escritas en el periódico, Bryan agregó frases de Flores Magón, Práxedis G. Guerrero y consignas del Colectivo Informal de Presos en Resistencia, al que Bryan se unió dentro del ReNo. El mural era como un punto de reunión, un espacio libre.

—Era nuestra okupa, escribíamos en el periódico mural con la intención de que la gente que pasara pudiera leerlo para reflexionar: dos o tres personas sometiendo a otras cuarenta a la tortura, a la fajina, no tiene lógica.

“La solidaridad entre presos no es sólo palabra escrita”, es la consigna principal del Colectivo Informal de Presos en Resistencia.

—Cuando quieras, búscame en la 313 y te invito un café —les decía el músico a sus compañeros—. Entonces les prestábamos libros, hacíamos lecturas. Les enseñé a tocar guitarra, a tocar el cajón; les decía que estaba cabrón y decían: “Es que no mames, gracias banda porque es un paro”. Les dije sí, yo sé lo que se siente. Está bien cabrón esto, sin embargo, es nuestra culpa, no porque seamos delincuentes, es nuestra culpa porque no nos estamos organizando, porque nos desconocemos. En lugar de hacer un trabajo como colectivo, tratamos de destruir al otro para que no nos destruyan a nosotros, y como que empezaron a agarrar la onda. Desde que llegué estaban haciendo eso.

Bryan siguió activo en el reclusorio. Su lucha desde dentro era la resistencia anti carcelaria. Con sus compañeros repartía folletos en la biblioteca, en el auditorio, en el tianguis. Difundían El Canero: Periódico independiente de combate, escrito sobre hojas blancas tamaño oficio y con dibujos de “El Cabezas”, un pintor y tatuador.

“Este pequeño fanzine es el resultado de vivencias y experiencias que de a poco hemos ido afrentado y superando… No tenemos dinero, no tenemos lujos ni poder político, pero tenemos compañerxs, y lxs compañerxs hacen las resistencias, pues la solidaridad es nuestra arma más potente”, se lee en el número tres publicado en abril de 2015. Sobre estas 15 páginas blancas, internos del Reclusorio Norte, del Sur y del penal de Santa Martha plasmaron con tinta negra sus reflexiones.

Sobre una hoja de El Canero hay un dibujo en claroscuro de un cerdo bigotudo sonriendo, vestido con un traje y sombrero que abarca casi la mitad de la página. En su mano derecha sostiene a un hombre con una mitra sobre la cabeza vistiendo un palio. Deduzco que es un obispo. Éste a su vez manipula la cruceta de un títere: un hombre pequeño que bolea los zapatos de un soldado mal encarado armado con fusil y rodeado por los dedos de la mano izquierda del cerdo.

El 20 de noviembre, Bryan comenzó la primera de las tres huelgas de hambre que realizó durante los ocho meses en reclusión; Jaqueline hizo lo mismo desde Santa Martha Acatitla. El motivo era demostrar apoyo al paro nacional que comenzaba ese mismo día: “Estar en la cárcel no nos impediría demostrar solidaridad con ese acto”, precisa. La huelga se levantó el 2 de diciembre.

Bryan inició el 2015 con una segunda huelga de hambre junto a Jamspa Montaño, un compañero activista quien desde el reclusorio Sur le sugirió que mantuvieran la huelga por 43 días por el simbolismo que ese número representa desde la madrugada de Iguala, el 27 de septiembre de 2014 en los mexicanos.

—Decidí hacerla con la única reivindicación de que la libertad es inalienable al ser; que cuando comprendes qué es tu libertad es imposible suprimirla. A pesar de estar en prisión era libre y no había autoridad que pudiera limitarme.

“El mayor fracaso de las instituciones es tenerte preso y no poder arrancar tu libertad”, me dice Bryan al repetir una de las frases plasmadas en una bandera rojinegra que extendió en su primera audiencia en el juzgado federal el martes 10 de febrero de 2015 en el Reclusorio Sur.

—Se supone que está prohibido tener telas que no sean color beige, pero conseguí una tela roja y una negra, cosí una bandera y le puse “La libertad se ejerce fuera de toda ley”. Después de ese acto colgamos la bandera en el periódico mural porque era un símbolo de que estábamos en huelga; no solamente era yo, era un símbolo de huelga anti carcelaria.

El último día de la huelga de hambre fue un viernes. Después de 43 días sin comer, a Bryan y a Bárcenas les hicieron saber que serían trasladados a población.

—Me dijeron: “Te vamos a mandar al dormitorio que tú quieras, pero fírmanos una carta donde te haces responsable de tu seguridad y deslindas a la institución”. Querían que la firmáramos Bárcenas y yo. Les dijimos que no firmaríamos nada. “Entonces la van a vivir”, respondieron antes de irse.

La mañana siguiente, Bryan asistió al juzgado. Cada visita supondrá una larga jornada: A las 6:00 de la mañana será sacado de su estancia; estará parado hasta las 10:00 u 11:00 horas esperando a la perrera, una camioneta que transporta a los internos en una caja de metal con agujeros en los costados. En un espacio donde caben ocho personas, meten como perros hasta veinte reos. En la hora y media del trayecto hacia el juzgado, los internos van esposados, hacinados y apretujados en la oscuridad; los que tienen menos suerte deben ir parados. Aquellos que se dirigen a la enfermería o al hospital cargan con sus manos la bolsa de suero, con las gotas de sangre tiñéndolo de rojo.

—Y si terminas a las 12 del día, de tu audiencia regresas a las 11 de la noche al reclusorio y todo el tiempo estás en la camioneta. Te tienen ahí porque se les da la gana, en la oscuridad, lleno de calor y, si la camioneta está en el sol, ahí estás.

La madrugada del 20 de febrero del 2015, a pocos días de haber concluido su segunda huelga de hambre y después de un largo día de visita al juzgado, Bryan fue trasladado al Centro de Observación y Clasificación (COC). Bárcenas también fue trasladado. COC es el primer paso a población.

—Después de Ingreso te mandan a allá. Se supone que constitucionalmente tú puedes estar en ingreso de 72 horas a 144 horas, dependiendo del plazo. Pero te tienen ahí para que te puedan robar más: te cobran la visita, la fajina, la estancia, el jabón; todo te lo cobran, todo. En COC las condiciones son más feas. Nos mandaron a una celda bien grande donde no había luz, no había agua, no había baño.

Aquella vez el músico pasó todo el día en el juzgado. Al regresar al ReNo fue trasladado a población. Golpes a la cabeza propinados por hombres con charrascas en los brazos le dieron la bienvenida. A los cinco minutos, los golpes cesaron. Fue la bienvenida al Anexo 6, Zona 4-1.

—El Anexo 6 es de pura gente que ha estado en correccionales, consejos tutelares, prisiones para menores; ahí es la escuela de la tortura. Puedes identificarlos por un buen de cortadas en los brazos: darle sangre al diablo, le dicen. Me mandaron ahí por venganza institucional. A Bárcenas lo mandaron al dormitorio 4. Me abrieron la cabeza y hasta me querían cortar el cabello.

El día siguiente, ante la presión de los familiares de Bryan y la Comisión de Derechos Humanos, el músico fue trasladado al Anexo 3.

***

Es mi segundo día en la Ciudad de México. Son las tres de la tarde y estoy en el metro Taxqueña, al sur de la capital. La última vez que estuve aquí era casi la media noche del 1 de diciembre de 2012 y la estación estaba casi vacía; hoy, cientos de personas suben y bajan de los vagones naranjas del metro. Las observo parada desde un puente elevado sobre las vías que conecta los accesos laterales de las calles. Hay un puesto de aguas y dulces atendido por una muchacha rechoncha y un joven vestido de negro.

Bryan está retrasado 30 minutos. Me estoy desesperando. Hoy comprobé que la puntualidad no es su fuerte, ayer hizo lo mismo en Coyoacán. Estuve media hora sentada en una banca frente a una fuente circular con dos coyotes en medio, aunque la melodía de un organillo hizo agradable la espera.

En la estación Taxqueña dan las 3:30 PM. Personas de todas las edades entran y salen de la estación con guitarras sobre la espalda. Cada vez que veo a una con la complexión de Bryan pienso que puede ser él. Transcurrirán otros 30 minutos hasta que llegue comiendo un pedazo de pizza. Cuando se aparece, lo saludo y le digo que estaba a punto de irme, él se disculpa por el retraso aduciendo que salió tarde de una reunión con unas personas con quienes estaba planeando una colecta para Bárcenas, quien todavía está en el ReNo.

Salimos de la estación del metro. Subimos a un trolebús y nos sentamos en dos lugares desocupados al fondo. El camión se llena. Ahora con muchas personas a nuestro alrededor, la charla baja de tono. Las situaciones que vivió Bryan le enseñaron a ser precavido. Su aptitud me recuerda una frase de William Burroughs: un paranoico es alguien que sabe un poco lo que está ocurriendo.

El trolebús parte hacia el norte. Al preguntarle del montón de guitarristas en el metro, Bryan explica que en las calles aledañas a la estación hay escuelas de música. Él también asistió a una: la Escuela Nacional de Música, donde aprendió flamenco desde los 19 años.

En un fragmento de la conversación lanza una frase que encierra la gratitud hacia su hermana: “Si no me hubiera hecho el paro, nada hubiera salido”. Durante la estadía de Bryan en el ReNo, ella se encargaba de repartir los comunicados que él redactaba. De tantos que escribió con letras mayúsculas —para hacerlos más legibles—, se le volvió costumbre.

—Leía casi todo el día. En tiempo de aislamiento a leer y leer y leer. Escribir, escribir y escribir. Leer libros de banda que estaba en una situación anti-estatal, anti-institucional.

Leyó a los anarquistas a Xosé Tarrio González, Pietro Gori; literatura hispanoamericana: José Emilio Pacheco, Gabriel García Márquez, José Saramago y fanzines.

—¿Esos libros te ayudaban?

—Sí, sientes empatía por lo que está ocurriendo.

Seguimos hacia el norte por el eje central Lazaro Cárdenas. Observo las calles de la ciudad desde la ventana a mi izquierda. Transcurre media hora de trayecto y Bryan me indica que pronto bajaremos. Entonces veo al fondo de una explanada un edificio rectangular con enormes murales. Diversos colores de miles de piedras recolectadas a lo largo del país cubren sus muros dando forma a figuras prehispánicas y conquistadores españoles: es el edificio de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, en el que en 1956 ocho muralistas mexicanos, usando la técnica de “mosaico mexicano”, decoraron su superficie exterior.

Bajamos frente al enorme edificio, cerca de un puestecito donde un muchacho en su veinte vende cigarros, frituras, refrescos, botellas de agua. Cruzamos la calle y caminamos hasta doblar a la izquierda, sobre la avenida Universidad. Metros después, en un muro a la izquierda, unas rayas blancas dibujan a una serpiente en un fondo verde; también hay figuras de hombres y mujeres sobre éste. Es el mural de Rosendo Soto, El trabajo obrero y campesino, la obra artística de 27 metros que se extiende a cachos sobre la avenida Xola. Soto fue un profesor que por 10 años estuvo en las misiones culturales como maestro de arte en las escuelas normalistas.

Ahora tomamos la calle Zempoala. Un cartelito colgado sobre la reja de una casa proporciona el número de la alarma vecinal. Me pregunto si estas medidas fueron tomadas desde el asesinato de cinco personas el 31 de julio de 2015 en un departamento en los alrededores. Entre ellas dos que huían de Veracruz: Rubén Espinosa Becerril, fotorreportero de Cuartoscuro y la revista Proceso, y Nadia Vera, productora cultural y activista. Ambos recibieron amenazas en el estado. A Espinosa, los hostigamientos que recibió por su labor reporteril y los 13 periodistas asesinados durante la administración del priista Javier Duarte le dieron motivos para exiliarse en la capital.

Para mayo de 2016, la cifra ascenderá a 16 periodistas. Los familiares y amigos del fotorreportero y la activista denunciarán que el esclarecimiento de su caso estará parado en los tres niveles de gobierno.

Después de 15 minutos de recorrer las calles de la Colonia Narvarte, llegamos al Parque Las Américas. Nos sentamos sobre una banca color verde. Comenzamos a charlar y me explica por qué se considera un preso de táctica política.

—Se utilizan como una táctica precisamente para desmovilizar a la banda. Mira, marchamos por la reforma energética —dice como ejemplo y aclara que no reivindica esta protesta, pero funciona en la explicación—, y de repente, cuando empieza a crecer más, hay represión y detienen a ciertas personas y los llevan a la cárcel. La marcha cambia su sentido y deja de ser la marcha contra la reforma energética y ahora se vuelve la marcha por la libertad de los presos. Están utilizando a esos presos como una táctica para desmovilizar la protesta.

Según Bryan, al Estado no le importa usar tácticas descaradas. Al contrario, causa mejor impacto: “La gente se llena de rabia y se enfoca en sacar a los presos”.

—Y lo máximo que va a hacer el Estado es decir “Sí, tienen razón, nos pasamos de lanza… Va libre”. Mientras tanto, hay gente desaparecida en Ayotzinapa, hay masacres como la de Tlatlaya o Tanhuato. Todo es parte de un escenario en donde supuestamente no existe la guerra. Pero estamos en guerra social, hay resistencias armadas enfrentándose contra el ejército.

Para Bryan sólo existen dos tipos de días en la cárcel: los de visita y sin visita, días aburridos que aprovechaba para leer, escribir, tocar su guitarra. En el salón cuatro del auditorio impartía clases de guitarra a seis compañeros; también construyeron un pulpo de serigrafía y “El cabezas” le enseñaba a dibujar.

—En Ingreso es lo peor del mundo. Neta está culero. Es metal y cemento pintado con pintura azul de aceite. Es súper frio y no tienes una pared, nomás son rejas. Me regaló un tipo un cartón con chirimiquis [creo que es una especie de chinche que sólo existe ahí]. Dije ni modo. Se te meten a la ropa. La mayoría de la gente tiene metidas las manos en el pantalón todo el día porque se están rascando.

—¿Por qué les dices burgueses? —le pregunto cuando me cuenta de sus compañeros de la Zona 1 en el Anexo 3.

—Es gente que va por fraude, que tiene dinero. Pagan una lana para estar en ese dormitorio. Hay otro más caro, y en Ingreso hay uno que le dicen la zona de los “payos”; es como burgués, gente de dinero. La Zona 2 cuesta 2 mil 500 la renta semanal. También pagan por comisión. Trabajan siendo el mensajero o el de la basura. Después de un rato que eres un siervo de la institución te pueden pasar ese dormitorio como un premio. Fumábamos mota. Ellos la venden. La introducen. Si estás fumando, lo único que haces es bajar el toque.

—¿No les dicen nada por hacer eso?

—No, porque ellos la venden

—¿Quién la vende?

—La misma institución. Es bien sabido, ellos son los que la introducen y la venden. Haz de cuenta que tú vas caminando y hay mesas llenas de marihuana y va el custodio caminando y no dice nada.

—¿Cuánto cuesta?

—Cinco pesos el gramo.

—¿Por qué realizabas huelgas de hambre?

—Es una actividad simbólica. En la cárcel no puedes hacer tantas cosas, pero la huelga de hambre es una opción. No comes, no tienes que ir al baño. Tienes un buen de tiempo libre y no hay nada que hacer. Sientes hambre de repente. Los primeros tres o cuatro días sientes un hambre terrible, pero pues ya —dice despreocupado, como si privar al cuerpo de alimentos fuera fácil.

—¿A qué se refieren con Arte-Terrorismo?

—Nuestro objetivo es la política, entendiendo que es el arte de las cuestiones públicas o sociales, con el Arte-Terrorismo tratamos de desbordar los cauces morales que sujetan a las personas en esta sumisión, en el quietismo; a la opresión, a aceptar sus cadenas, a no querer hacer nada. A veces lo hacemos, pues las letras son bien violentas porque también es violenta la forma en que te meten toda una configuración para tu cabeza. Están bombardeándote todo el tiempo con mensajes o publicidad: con tales y cuales cosas y todo el tiempo nomas están violentado, violentado, violentado, te mandan al ejército, te ponen policías en todos lados, cámaras, te ponen leyes que nada más están en tu contra, penas bien cabronas.

Bryan considera que el Estado priva de cosas que deben estar naturalmente dadas para la existencia y continua:

—Yo creo que todo eso es violento, entonces pacíficamente tratamos de hacer entender que nos están agrediendo […] pero no va a ser una forma tan pacifica en la que te lo digamos, no vamos a ir a romper las ventanas de un café o banco, es más bien hablar de lo que es: sin límites morales.

***

Jaqueline y Bryan salieron de reclusión el 10 de julio de 2015 al obtener un amparo. Según sus abogados, en el juicio de amparo se demostró que las acusaciones de los agentes eran incongruentes y carentes de lógica, que en el dictamen pericial de dactiloscopia realizado al billete y a los cuchillos se concluyó que no se encontraron las huellas de los estudiantes.

El músico de flamenco aún mira todos los días a su alrededor, es precavido con sus mensajes de Facebook, con las llamadas que realiza por celular. El siglo XXI se parece cada vez más a una novela de George Orwell. ¿Paranoia? Bryan sabe un poco lo que está ocurriendo.

 

Este contenido fue publicado originalmente en elbarrioantiguo.com

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