Esclavos en el paraíso

Carlos Matus
April 10, 2017

Foto: Carlos Matus

Su sueño comenzó un día de febrero cuando vio un anunció en un periódico local en su ciudad de origen, Cunduacán, Tabasco. El anuncio señalaba la oportunidad de un empleo bien remunerado, con casa y alimentación incluidos en el destino turístico más importante de México: Cancún, Quintana Roo. La crisis económica había tocado a José, de 26 años, desde hacía al menos cuatro meses, cuando fue despedido de la empresa donde laboraba como auxiliar en contabilidad. Al igual que él, numerosos compañeros se habían quedado de repente en el desamparo laboral y por más ferias del empleo a las que asistía, no lograba obtener ningún trabajo. Estaba desesperado.

El anuncio fue como el que había leído tantas ocasiones pasadas, pero aun así decidió emprender el viaje de su ciudad natal a Villahermosa, Tabasco, para realizar la entrevista en un hotel céntrico de la capital tabasqueña: el Olmeca Plaza.

José recuerda que cuando llegó al hotel, fue atendido en el vestíbulo por una joven con saco, quien recibió sus papeles, le preguntó de dónde era y su experiencia anterior y posteriormente, lo condujo a uno de los salones donde observó a varias personas sentadas, mientras eran atendidas una a una por tres hombres.

Después de 15 minutos, lo entrevistaron. Luego de las preguntas de rigor, en ese mismo momento le dijeron que estaba contratado. ¿Su puesto?, auxiliar aeroportuario en el Aeropuerto Internacional de Cancún (AIC), el más importante a nivel nacional, tan solo detrás del Aeropuerto Internacional Benito Juárez, en la Ciudad de México.

“Me dijeron que el salario era de entre cuatro a seis mil pesos mensuales, y de acuerdo a las aptitudes podría conseguir bonos de hasta otros tres mil pesos mensuales; quienes me entrevistaron eran muy confiables, me aseguraron que tendría casa y comida en Cancún y que me adaptaría rápidamente”, recordó José.

El joven recuerda que camino a su casa tenia sentimientos encontrados. La única vez que había dejado su estado natal fue en aquella excursión escolar en la universidad, cuando viajó a Puebla y Veracruz para congresos, pero hasta ahí.

También otra de las cosas que lo tenían en vilo era decirle a su familia -compuesta de sus padres y tres hermanos menores- que en tres días debía dejar el hogar para irse a trabajar a Cancún, y es justo esto lo que hacía latir rápido su corazón: hacerse la idea de que buscaría el sueño del caribe.

Sin saberlo, su sueño se convertiría en una pesadilla.

Lo más difícil de la partida de su hogar fue despedirse de sus padres, seguido de hacer una maleta donde entraran todas las cosas necesarias para comenzar de nuevo, incluido sus recuerdos, materializados en un pequeño álbum de fotografía familiar.

Luego de 14 horas de viaje en un camión de segunda, llegó por fin a la terminal de Cancún, junto a él habían otras 12 personas de diversas partes de Tabasco, siendo “Noemí” quien más le llamó la atención. “Noemí” es una transexual de 28 años, originaria de la Ranchería Curahueso primera sección, quien con total desenfado dialogaba con todos. José no sabía cómo referirse a Noemí, si como ella o él.

En la terminal los esperaba una señora, quien se presentó con el nombre de ‘Lupe’, y también como representante de la compañía ‘Limpieza y Reciclados del Bajío S.A. de C.V.’, ella les dijo que los llevaría al lugar en donde se hospedarían.

Luego de tomar un camión que los llevó a las afueras de Cancún, les dijeron que se encontraban en el ejido de ‘Alfredo V. Bonfil’, asentamiento que se encuentra a medio camino de Cancún y el aeropuerto.

Cuando bajaron del autobús, José y el resto de los trabajadores caminaron varias cuadras siguiendo a doña Lupe,  quien los llevó a una cuartería.

“Los hombres dormirán en este cuarto y las mujeres en el de enfrente, lo demás están ya ocupados”, fue lo que les indicó la mujer una vez que llegaron a la cuartería.

Fue en ese momento cuando José se percató de que lo que le habían prometido sería un lugar de hospedaje, era en verdad un espacio de tres por tres metros, sin separaciones, durmiendo entre seis y ocho personas en hamacas, con cocina, sin baño y sin privacidad. El vil hacinamiento.

Foto: Carlos Matus

Al paso de los días, el desánimo reinó entre José y el resto de tabasqueños, cuando se enteraron que su trabajo consistía en limpiar baños en la terminal aérea, donde tenían que trabajar jornadas de entre 10 y 12 horas, sin descanso fijo, ni hora de comida. Del salario, se les descontaba entre mil 800 y dos mil 300 pesos por costos de hospedaje y alimentación. A ello se le sumaban unas extrañas penalizaciones que les quitaban otra parte de su ingreso.

 “Nos hacían trabajar por horas y nos mantenían hacinados, compartiendo un baño entre 30 o 40 personas.  En la cuartería había gente de Tabasco, Veracruz, Chiapas y Oaxaca, todos contactados de la misma manera, a través de un anuncio en el periódico, y se nos prometieron muchas cosas que nunca se cumplieron o no fueron verdad”, señaló el afectado.

Al principio José aguantó los abusos, al fin y al cabo, podía mandar a su hogar entre tres mil y tres mil 500 pesos quincenales.

“Me amaché, como nos amachamos los que estamos urgidos de dinero”, relató.

Pero la burbuja de estabilidad se reventó, luego de que empezaron a desaparecer cosas en el cuarto que compartía con sus compañeros. Cuando se quejó con la casera, que no era otra más que doña Lupe, esta lo tacho de mentiroso.

“Mis compañeros eran muy diferentes a mí, ellos tomaban casi todos los días y cuando no tenían para tomar me pedían prestado y yo luego les daba, pero luego no tenía dinero y se ponían violentos, cuando se lo dije a la casera, esta dijo que estaba mintiendo y no hizo nada; yo solo quería que me cambiara de cuarto y no lo permitió”, explicó.

Foto: Carlos Matus

En el trabajo las cosas iban peor. José tenía que doblar turnos sin aviso previo debido a que sus compañeros se reportaban como enfermos –en verdad se encontraban crudos– sin que se le pagarán horas extras, ni tener hora de descanso. Un día llegó a trabajar 20 horas sin parar y al día siguiente se reportó indispuesto para laborar y le descontaron dos días de su salario.

Para estas alturas, de los 12 tabasqueños que arribaron junto con él a Cancún ya solo quedaban tres, entre ellos Noemí.

“Un día Noemí se enfermó y ahí supimos que no teníamos ni seguro médico como se nos prometió y ella tuvo que gastar de su dinero y faltar al trabajo tres días, pero cuando regresó supo que le descontarían seis días de sueldo por no laborar”, comentó José.

Cuando se quejaron con doña Lupe, quien era el enlace entre los administrativos de ‘Limpieza y Reciclados del Bajío S.A. de C.V.’, esta les dijo que si les molestaba la situación se podían ir, pues “es fácil conseguir a más gente necesitada”.

Esa noche supo José que lo que sería su “sueño del Caribe”, se había convertido en su más grande infierno, al comprender que vivía en condiciones infrahumanas, en un cuarto lúgubre, hediondo, con un rol laboral que excedía las 14 horas diarias, con una serie de descuentos abusivos a su salario e incluso retenciones sin aviso y sin día de descanso.

Al investigar un poco, se enteró que ‘Limpieza y Reciclados del Bajío S.A. de C.V.’ tenía diversas denuncias por explotación laboral y abusos, mismas que los trabajadores no podían ganar, pues la empresa no daba ningún comprobante de pago y los empleados no podían acreditar formar parte del consorcio.

A duras penas, José pudo juntar dinero y regresar a Tabasco, más flaco que nunca, con diversas dolencias, propias del estrés y una mala alimentación. En dos meses se habían enfermado de salmonelosis, causada por la poca higiene al preparar los alimentos en una hornilla eléctrica dentro del cuarto que compartía con otras seis personas.

Al día de hoy, su salud ha mejorado poco a poco, pero ahora sabe que no todo lo que brilla es oro, y que el sueño que buscó en el Caribe no era más que un espejismo, mismo que ahora busca advertir a amigos y familiares, pues reconoce que la situación en Tabasco aún es difícil y eso hace que cientos de personas sean utilizados por empresas como la que lo utilizó para obtener ganancias.

Foto: Carlos Matus

De acuerdo a la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) en Quintana Roo, se estima que al menos tres de cada 10 trabajadores que llegan de otros estados a la entidad sufren en algún momento explotación laboral por parte de empresas que utilizan la figura del outsourcing para evitar las responsabilidades obrero-patronales.

Catalina Portilla Navarro, titular de la STPS, en Quintana Roo indicó que se han detectado numerosos casos de empresas que contratan a trabajadores bajo esta figura laboral, y que evitan el pago de impuestos, prestaciones, primas y aguinaldos. “Es difícil de controlar, pues no hay denuncias sustentables contra estas empresas, pues no hay documentos; jurídicamente se encuentran muy bien protegidas”, señaló la funcionaria en entrevista.

Quintana Roo es calificado como caso atípico de éxito durante el 2016, pues mientras que los indicadores productivos en el resto del país tuvieron una tendencia a la baja, la entidad mejoró en las actividades secundarias y terciarias, además de finalizar con mayor número de empleos formales en el 2016, a comparación del 2015; en contraparte, Campeche es calificado como uno de los indicadores con mayor pérdida económica, incluido producto interno bruto y empleos, señaló ‘Semáforo Económico Estatal, México Somos Uno’, realizado por el IMCO.

Cuando se habló de la región sur del país, los especialistas de México, ¿Cómo Vamos? Precisaron que en la zona hay dos estados atípicos y opuestos: Campeche y Quintana Roo. La economía de Campeche, donde casi el 80% de la actividad económica depende de la minería – principalmente la petrolera – ha sufrido una grave caída en sus indicadores económicos en los últimos años. Por el contrario, la economía de Quintana Roo, basada en actividades terciarias, principalmente por el turismo, tiene casi todo su semáforo económico con cifras mejores a las nacionales.

En este sentido, Quintana Roo fue el único estado que durante 2016 alcanzó –y casi duplicó– los empleos formales necesarios que debía generar para darle cabida a la población que se incorporaba al mercado laboral. Por el contrario, Campeche y Tabasco acabaron el año con menos empleos formales que los que había al finalizar 2015.

Para José, y saber cuántos más, este éxito es una falacia, mantenida a través de la explotación laboral y el sacrificio de un número indeterminado de personas.

“Supe que era suficiente, cuando una noche me sentí un esclavo”, finalizó José, quien ahora sigue buscando un trabajo en Villahermosa, Tabasco, el estado con la mayor tasa de desempleo a nivel nacional.

Foto: Carlos Matus
(Visited 179 times, 2 visits today)

Comentarios

Comentarios