Economía política de una demanda ingenua

Salvador F. Schils
January 21, 2017

Foto: Comunicación social PRD

En el 2017, los mexicanos nos vamos a despedir de la gasolina subsidiada por el gobierno y damos la bienvenida a los nuevos precios ya liberados conforme a los designios del Mercado. No por antes pasar por un ajuste, que se traduce en un alza a los precios de la gasolina.

La tesis doctoral The fiscal response to oil shocks, de un tal Luis Videgaray Caso, en su capítulo final concluye que, los gobiernos democráticos tienen por tendencia generalizada a gastar demás y esto genera distorsiones en el mercado internacional. Las últimas tres décadas han sido de inestabilidad y volatilidad para el mercado de petróleo y una forma de controlar estos vaivenes ha sido a través de la adopción de políticas fiscales que van en dos sentidos: para países desarrollados, a través de gravámenes y en países en desarrollo, a través de subsidios. En México, se han adoptado los dos esquemas.

Después de la entrada de México al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el proceso de liberalización de la economía mexicana ha pasado por diferentes etapas, uno de los últimos eslabones por liberarse  era el referente al mercado de energéticos, específicamente el de la gasolina. Hasta ahora.

Como señala Salvador Medina en El Gasolinazo, las ciudades y la economía. El problema del ajuste en el precio de la gasolina, es la suma de una serie de fallos en política económica, fiscal, energética, de planeación urbana y medioambiental. Importar gasolina, ha traslado sus costos en la depreciación del peso ante el dólar puesto que la mayoría de la refinación se realiza en Estados Unidos. ¿Por qué? Porque en México es una actividad que genera muchas perdidas.

El panorama que se dibuja en México ante este ajuste se ha encauzado en rechazo y encono por parte de la ciudadanía. Sin embargo, es irresponsable el supuesto en el que se sostienen estas demandas: gasolina barata como sinónimo de bienestar económico. Ahí están los números: el aumento en el consumo de gasolina ha incrementado en un 48% del año 2000 al 2015, reflejo igual de un incremento en el parque vehicular que ronda en un volumen de 25.5 millones de unidades (ya en múltiples ocasiones se ha demostrado que la política metropolitana del Hoy No Circula, ha tenido como consecuencia, el aumento en el volumen de vehículos en circulación).

En términos de marketing político, el terreno está minado para que en el 2018, todas las propuestas de campaña se encaminen hacia la sobre oferta de lo mismo: gasolina barata. Y ya paso una vez, y pues bueno, aquí está usted leyendo esto.

El panorama fiscal es sumamente complejo como para revertir el mentado ajuste, puesto que México es de los países con menor tasa de recaudación fiscal del 10% respecto al PIB -sin considerar petróleo- de la OCDE, esto debido al refugio que representa la economía informal. No son pocos los estudios que señalan la nula progresión de la política de subsidios, puesto que es asimétrica conforme ingresos. Dicho de otra forma: los subsidios a los energéticos, sólo benefician a los deciles de más altos ingresos de la población.

¿Por qué? Porque México recauda mal y recauda poco, por eso, lo mínimo que podría esperarse de una política fiscal tan laxa es que se genere esa distorsión. Una de las maneras del gobierno para justificar el ajuste es esta gráfica y la ciudadanía ha respondido que en México el costo de la gasolina al trabajador es mayor por tener el salario mínimo más bajo. Cosa que es parcialmente cierta. En primer lugar, sólo un 13% de la población económicamente activa (PEA) gana un salario mínimo al día (y todavía se podríamos considerar si éstos cuentan con algún automóvil). En segundo, que del grueso de esos países donde con el costo de la gasolina es menor conforme a salario, el subsidio a la gasolina es menor o inexistente. La paradoja en México, es que la ciudadanía demanda mejores y más servicios, pero sin pagar impuestos. Los países donde El Estado es fuerte y dador de servicios de mayor calidad es donde más se recauda, volviendo al caso de México, el nivel de recaudación es un lastre. El impuesto especial a producción y servicios, ya estaba contemplado en la ley de ingresos desde el 2015, pero los mexicanos hasta para reclamar, lo dejamos para lo último.

Todo el panorama anterior sirve para ir al porqué del título de este artículo. La economía política en su acepción más clásica es el estudio de las relaciones de producción y esto no se puede entender sin la idea de que hay más necesidades que recursos para satisfacer las demandas de la población. La economía es la administración de recursos escasos, por consiguiente, lo que a muy pocas personas le ha quedado claro, es que hay un encarecimiento constante de los insumos para la producción de la gasolina, ¿por qué? Porque se trata de un bien escaso, los inventarios de gasolina se encuentran en máximos históricos desde 1993 lo que implica aumentos en los costos de  producción del mismo, y hay que entender que es un bien con una demanda constante (y en aumento) y no hay que olvidar que se trata de un recurso limitado. Puede resultar paradójico puesto que en los dos años pasados, de lo que se hablaba era del desplome en el precio del barril de petróleo, pero el barril por si sólo hay que agregarle, los costos derivados de logística y refinación y es por ello que el precio de la gasolina se mantiene conforme a la demanda. Ahí  ha fallado la estrategia del gobierno federal de comunicarle lo anterior a los ciudadanos y los ciudadanos por no (querer) comprender de economía básica. Por tanto, el ajuste iba llegar tarde o temprano y se debe entender que se le debe de decir adiós a combustibles fósiles baratos. Más allá de la impopularidad de la medida, debe pensarse igual, que el impuesto representa un freno indirecto al aumento en la demanda de la gasolina, y una manera de paliar al costo ambiental que ello implica. La ciudadanía igual no reflexiona esto: son escasas las voces que hayan aprovechado la coyuntura para exigir un tránsito más acelerado hacia las energías renovables, vamos, ni para hablar sobre la implementación de políticas que favorezcan el transporte público. Olvídese de la dotación de ciclovías.

Culpar a la reforma energética, con la situación actual está entre las aristas del botín político (PAN vs PRD y Morena vs los dos anteriores), pero en un análisis preliminar sale librada puesto que aún anulando la reforma, como señala Gerardo Esquivel, el aumento a futuro sería irreversible. Y ya se explicó anteriormente del por qué.

Es legítimo que la ciudadanía muestre su descontento, pero los reclamos distan mucho de apuntar hacia otras cuestiones de fondo, como el irresponsable manejo de la deuda pública durante la administración de Luis Videgaray en Hacienda; no exigir que la economía mexicana más abierta y competitiva (es nula el reclamo a sanear los enormes costos que implica mantener sindicatos opacos y corruptos que han saboteado la productividad de empresas paraestatales).

Más allá de decirle adiós a las gasolina “barata”, buena parte de la sociedad mexicana parece no entender que ni con el aplomo de diferentes variables (regreso a los subsidios, aumento en el salario mínimo, menor carga impositiva a la gasolina, refinar en México, etcétera) estamos entrando a un escenario irreversible, donde el gobierno en su conjunto carece de legitimidad (ahí están las ridículas exigencias de los consejeros del INE y el estado de Derecho inoperante ante los robos faraónicos en los últimos años) para exigirle a sus gobernados abrocharse el cinturón. Pero como se ha señalado anteriormente, las exigencias deben tomar otras direcciones. Llegar al momento de desencuentro entre gobierno y ciudadanía que hoy se vive es ser testigo de un acto irresponsable de ida y vuelta, va de nuevo: el mayor acto de irresponsabilidad de este gobierno ha sido ofrecer gasolinas baratas y por el otro lado, de la ciudadanía al creerlo. Tampoco hubo alguien desde la oposición alertando de la inviabilidad de la propuesta. Por más que hoy sobren los mesías y los oportunistas.

Es cierto, México es una democracia joven, pero que cada vez parece más colgarse de su juventud para después desentenderse a través de su irresponsabilidad. Hace unos años todas las demandas hacia este gobierno, en torno a la llamada reforma energética, era ir en contra de la privatización de PEMEX, bueno, ahora resulta que pues sí, el petróleo es nuestro, pero la gasolina no tanto.

Gobernantes y gobernados están yuxtapuestos, por un lado, tenemos un gobierno ineficiente y sordo que no quiere escuchar a una ciudadanía con una exigencia que no sólo es inviable, sino irresponsable. ¿Así como?

 

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