Los 20 mejores discos del 2016: Parte dos

Salvador F. Schils
December 30, 2016

Chance The Rapper – Coloring Book


Hay una nueva camada de compositores formada por Chance The Rapper, Blood Orange, Frank Ocean y Anderson .Paak y Childish Gambino (los tres últimos con grandes trabajos este mismo año) que lo mismo se mueven del r&b al hip hop, o del funk al soul con la mano en la cintura. Sin embargo, el que más se mueve dentro de las arenas del hip hop de manera nominal es Chance The Rapper. El rango vocal de Chance, no necesariamente denota ser poseedor de una voz privilegiada, aquella que marque a la perfección la melodía o pierda la armonía, pero si resalta la peculiaridad de la misma para pasar de un rap muy básico como en No Problem a lado de Lil Wayne o 2 Chainz a una pieza de mayor reflexión como Same Drugs. Coloring Book, es el tercer trabajo de Chance, y que está pensado como mixtape (una sucesión de canciones unidas entre sí), pero que lo hace más como una forma de revelarse ante su disquera que por necesidad artística. Para ser un mixtape, la lista de colaboradores es brutal, aquí se dan cita: Justin Bieber, Kanye West, Young Thug, la Chicago Children’s Choir y hasta Francis & The Light.  Trabajos como este Coloring Book, en compañía del Blond de Frank Ocean, Awaken, My Love de Childish Gambino, Malibu de Anderson .Paak, ponen de relieve del gran momento que está pasando la música negra, puesto que señala un nuevo destino mucho más allá de las fronteras del hip hop.

Nicolas Jaar – Sirens 


Después de una breve travesía con Dave Harrington para su proyecto Darkside. Jaar regresa con un disco inspirado en aquel No que ganó el referéndum en Chile, para echar a la borda a Pinochet y a su dictadura. (Circula por ahí una cinta protagonizada por Gael García, con el mismo título y sobre el mismo acontecimiento). El mismo Jaar se refiere a Sirens como un manifiesto político pensado desde la música electrónica. Sin embargo, Jaar apuesta por una estructura de canciones más en el orden del pop, aunque la interpretación que hace del género pueda resultar un poco difusa, puesto que las canciones tienden a perderse entre pasajes y recovecos que terminan o inician con samplers que por momentos parecen extraídos de una cacofonía. Es muy interesante analizar y apreciar la interpretación que se hace de contextos sociales a sucesos políticos desde la música electrónica, Jaar no es el primero, sabe que sus raíces están labradas en Chile y repasa la historia contemporánea  de su país, desde una óptica que solo había sido explorada por las románticas canciones de protesta y el rock sudamericano. Jaar se sirve de la economía en cuanto al manejo de recursos musicales, y por tanto, nos entrega el disco más sólido y poderoso de su carrera. Viniendo de alguien que suele atiborrar las pistas de baile, hacer un trabajo de solida confección reflexiva desde lo político, no es poca cosa.  

Car Seat Headrest – Teens Of Denial


(Voy a romper la línea narrativa con la que siempre me dirijo a hablar de música para tomar una más subjetiva y e interpersonal, pero…) Me gustó a horrores este Teens Of Denial. El factor más importante es porque me remite a Stephen Malkmus ya sea con el ancestral Pavement o The Jicks. Will Toledo de 24 años, da al clavo con un disco que está más motivado por la necesidad de concretar ideas en canciones que al revés, y eso se puede escuchar en las delirante The Ballad of Costa Corcordia o Drunk Drives / Killer Waves. ¿A que suena Car Seat Headrest? suena a un Stephen Malkmus más inquieto e hiperactivo (renovado sería pecar de ingenuo), más allá de sus dos agrupaciones consagradas. Toledo tiene una capacidad para hilar canciones que son viajes a ninguna parte, de una introspección  por momentos vacua pero muy original (“Friends are better with drugs, drugs are better with friends, dice en Drugs With Friends). Son viajes en carretera motivados por el hecho de que alguien puede tomar un viaje en carretera en sí, mucho más allá de la reflexión, el descubrimiento, la exploración y el escape, que otra cosa. La mayoría de las canciones rebasan los 5 minutos y están tejidas sobre un manto de riff rasposos y melódicos que lo mismo remiten a Weezer que Nirvana con una capacidad apabullante para ir de lo épico a lo íntimo en un abrir y cerrar de ojos. Citando a la reseña que hizo Bob Bollen en NPR, dice “Yo aprecio un montón de música, pero ÉSTA es la música que necesito”. Necesitamos. 

J. Balvin –Energía


Hacer alusión a la palabra reggeaton deviene en un montón de lugares comunes como de que es música misógina y machista en cuanto a lo letrístico, para referirnos a lo monótona y pobre en lo musical. A veces, el rebase es de tal grado, que no hay manera de rebatirlo. Menos mal que J. Balvin no hace reggaeton. Ya son más de 15 años desde que está música se adueñó prácticamente de toda Hispanoamérica, desde Miami, hasta la Patagonia y ni hablar de la península ibérica. En esta tercera entrega de Balvin, nos ofrece un disco que destaca precisamente por la intención de salirse de la etiqueta del reggaeton. La tarea de Balvin es otra: realizar un trabajo que se podría ubicar como un gran referente del pop urbano más actual, aquel que es una conjunción entre el reggaeton menos abrupto, el pop un poco más acentuado a los ritmos latinos y el hip hop más accesible. Temas como Safari (de la mano de Pharrel Williams), Snapchat, Malvada y Solitario son prueba de que Balvin es un compositor de que le apuesta a la diversificación  musical para llenar los espacios que deja como letrista (todas las canciones son de su autoría) y que en suma a las colaboraciones (desde Juanes hasta Daddy Yankee) lo llevan a una nueva dimensión, pues lo mismo se dan cita hitazos como Bobo y Ginza a canciones acústicas y baladas enérgicas como Solitario. Es un gran acierto por Balvin de posicionarse más allá de la barrera del reggaeton con una obra tan diversa como fresca y con una producción que no descuida ningún detalle.

 

The Body – No One Deserves Happiness


Empezando por Boris y SUNN O))), pasando por Liturgy, Deafheaven y The Body, se ha propuesto renovar el doom metal en aras de llevarlos a terrenos donde se asocia con el noise, el drone e incluso con la música ambient, con resultados que es de sorpresa para todos. Menos obviamente, para los puristas del género. Desde hace años, el heavy metal en general, se mueve en otra dirección alterna al rock, ya que cuenta con sus propios festivales como: Monsters Of Rock, Ozzfest, Grasspop, y hasta las ediciones en México como Hell & Heaven, donde en todas se destaca la enorme popularidad y éxito de los mismos, todo como una suerte de excusa o pretexto para alejarse y ungirse como inquisición de lo que es -o no- heavy metal. Las bandas anteriormente citadas lo mismo conservan como influencia o punto de partida a Tony Iommi que John Cage. The Body vuelve con un trabajo donde las guitarras sirven como lienzos a pasajes sumamente densos  donde la distorsión y el feedback son pinceles de entornos nebulosos.  Apostarle a canciones que sirvan como articulación y bosquejo de entornos que a las clásicas formulas del género (riff machacantes más solo de guitarra), es el gran gesto de The Body, puesto que ellos se mueven con el objetivo de quitarle todos los clichés al género. En algunos momentos, lo logran, en otros, quedan a deber, pero el gesto como tal no se puede pasar por alto. 

BadBadNotGood – IV


No es que haya como que muchos grupos detrás de colgarse el título del grupo más versátil del indie rock, pero BadBadNotGood con este álbum, ni siquiera tienen contrincantes.  IV es un álbum que se nutre de las más diferentes tonalidades, texturas y matices provenientes del jazz más elegante, el soul más hipnótico, el rock más delicado, la electrónica más tersa e incluso el hip hop más prístino. La devastadora Times Move Slow con Sam Herring de Future Islands en la voz, aboga al producto más desolador después del amor: la soledad y la eterna agonía a la que somete el tiempo, no por nada reza “When you’re so alone, time moves slow”. Después, viene el  hiperquinético frenesí de Confession Pt. II, con el brillante saxofonista Collin Stetson. Hay piezas que parecen sacadas de un jam que solo se le escucharía a un grupo de Free Jazz, y no de Rock, lo cual como se mencionó anteriormente, es la mayor cualidad de BadBadNotGood. Otra de los puntos altos del disco es la inconmensurablemente hermosa y etérea In Your Eyes, con la muy bella voz de Charlotte Day Wilson. Es una canción de una finura excelsa, que lo mismo remite a Zero 7 que a la chanson française manufacturada en la Nouvele Vague de los 60’s. IV es un vaso comunicante de alcances muy amplios y que siempre está en constante flujo, derivado del talento de los músicos que componen BadBadNotGood, un ejercicio labrado con una calidad sin igual hoy en día. 

MoodyMan: Dj Kicks


Permítame introducirlo al mundo del dj mix. Un dj mix no es otra cosa más que el registro de una sesión donde un dj o productor, demuestra sus habilidades para entretejer una selección musical (ya sea propia o ajena) con el propósito de servir de soundtrack para  la destrucción de una pista de baile o cómplice si uno opta por los caminos de la relajación y la pausa. Dicho de otra forma, un dj mix no es más que un paseo de la mano de algún dj o productor por caminos que pueden ir desde una revisión a sus influencias, ponernos en el radar de algún talento emergente o simplemente que disfrutemos del recorrido, cualquiera que sea el destino. Hay inclusos disqueras que tienen la tarea de articular una serie de compilaciones de los dj mix. Las más famosas son las Fabric (con su variante FabricLive), Live At Robert JohnsonLateNightTales (que de todas tiene el carácter intrínseco de  servir de playlist para antes de ir a dormir), Back To Mine y la Dj Kicks, Este año la Dj Kicks nos entregó las dos caras de lo que es un dj mix, por un lado el avasallador dj escoces Jackmaster, se vuelca al techno más primitivo para generar destrozos en cualquier dance floor, y de este otro lado llega la compilación que armo MoodyMan. Es de los Dj Kicks más ricos en cuanto a la cita de géneros y artistas que conforman la selección, sólo a la par del Daddy G de Massive Attack y del legendario singing dj, Erlend Oye. Es tan ecléctico este Dj Kicks que lo mismo el viaje pasa por los beats del inmortal J Dilla, al hip hop abstracto de Flying Lotus, remitirse al funk africano de Triogo, o caer en las guitarras de José González. Esta selección en manos de cualquier otro dj pudiera haber resultado en un completo desastre, pero MoodyMan baja el balón como pocos, el tipo ya lleva más de 30 años en las tornamesas, ya es un viejo lobo de mar que se permite de un montón de medios para regalarnos de una selección que por todos lados destila coherencia y un gusto musical extraordinario. 

 

A Tribe Called Quest – We Got It From Here … Thank You 4 Your Service 


Ganó el Brexit, ganó el No en Colombia, ganó Trump. De aquí al horizonte que nos deparan los siguientes 4 a 5 años en el escenario mundial es de una incertidumbre indescriptible. Sin embargo, ya dejo de ser un secreto a voces que estás victorias del conservadurismo iban a traer una inusitada respuesta. Como hace poco dijo Bernie Sanders “vamos a pasar de la resistencia a la acción”. Y la música no podía quedar fuera de lo anterior. Por ahí andan los miembros de Public Enemy que se han sumado con lo que queda de Rage Against The Machine para formar Prophets of Rage. La música de protesta va tomar de nuevo todos los escenarios y A Tribe Called Quest han sido los primeros en decir ¡Presente! El 2016 se caracterizó por ser un constante adiós a grandes figuras de todas las manifestaciones artísticas, en especial, la música. Hasta con A Tribe Called Quest nos tocó despedir a inicios del año a Phife Dwag, uno de sus miembros fundadores. Un retorno que tomo más de una década en concretarse, A Tribe Called Quest nos entrega el mejor disco de hip hop del año. Un apéndice a su legado ya de por si irreprochable. Sus últimos trabajos ya estaban anclados dentro del hip hop más experimental y alejados plenamente del mainstream. Acompañados de nada más y menos que Busta Rhymes, Elton John (si, Elton John), Andre3000, Kendrick Lamar y hasta Kanye West (el mismo que recientemente se reunió con Trump para hablar de “multiculturalidad”) nos dan por resultado una obra que se erige y se define por no sonar estancada en el pasado y tampoco forzada en cuanto su sonido para sonar a novedosa, y poderle hablar a las nuevas generaciones. Por tanto, ATCQ, se erige como un puente para unir pasado, presente y futuro de un género que goza de una salud y vitalidad envidiable. 

 

The Rolling Stones – Blue & Lonesome 


¿Otro disco de los Rolling Stones? ¿Para qué? ¿Qué nos pueden decir los Rolling Stones, que no nos hayan dicho en 50 años de carrera? La escucha de un disco tan sencillo como éste (grabado en apenas 3 días), a primera vista no nos dice nada. Es una colección de piezas de viejas canciones de blues de los artistas más añejos del género. Justo como hace 50 años empezaron los Rolling Stones (su primer disco del 64, apenas contenía una canción de la autoría de Jagger y Richards). Que los Rolling Stones, se pongan a revisitar el blues, no es poca cosa. Ningún grupo en la historia del rock, está más consciente de sus raíces, nadie ha mostrado más gratitud y respeto que ellos. Sobre todo si tenemos en cuenta su encarnación psicodélica en Their Satanic Majestic Request (del 67) para diez años después terminar haciendo música disco en Some Girls. De la mano de Dios (o Eric Clapton) en dos temas y la producción de Don Was, este Blue & Lonesome, es un enorme gesto de admiración y respeto del grupo hacia sus ídolos y en especial para la música negra americana, que siempre ha sido su fuente de inspiración. Gesto que no es poca cosa, si se pretende evaluar el estado que goza el rock actualmente. Sobre todo si su mayor referente en estos momentos es una cosa llamada 21 Pilots.

 

Danny Brown – Atrocity Exhibition 


Además de que en este año Danny Brown, estrenó disco, lo hizo bajo el resguardo de su nueva casa discográfica: Warp Records. Que Danny Brown esté ahora en Warp, sólo puede significar una cosa: libertad experimental. Y se nota, Atrocity Exhibition es un tótem armado desde la locura más lisérgica que existe en el hip hop actual. Es una obra muy arriesgada y es aquí donde se debe llamar la atención al poco protagonismo de Brown, ante nombres como Kendrick o Kanye. Brown es de una de las ciudades pertenecientes al cinturón de óxido de Estados Unidos: la violenta Detroit.  El elemento que enlaza a este con sus trabajos anteriores es la forma tan distintiva de rapear de Brown, que es puramente nasal, lo que permite que las rimas salgan como metrallas y se estrellen con beats muy viscerales. Hay ciertos momentos donde la experimentación es de tal grado, que el disco parece haber sido pensando como un soundtrack alternativo de aquel Detroit distópico y anárquico de las películas de Robocop. El tema que mejor condensa el espíritu del disco, es la explosiva Really Doe que cuenta con la colaboración de Earl Sweatshirt y un tal Kendrick Lamar. No es un disco digerible a la primera, pero si a usted le agrada el hip hop en su plano más experimental, siéntase en la comodidad de su casa. 

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