Burocracia

Salma Abo Harp
December 1, 2016

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Soy una mujer distraída, de las que dejan las llaves pegadas a la puerta y no se da cuenta hasta horas después o que busca el celular frenéticamente -mientras habla por el celular-. Nueve de cada diez veces mi falta de atención a las cosas que hago no causa ningún problema, pero la excepción siempre resulta un dolor de cabeza, como cuando tramitas la baja de una materia en el semestre y meses después te enteras de que sigues matriculada en ésta y seguro la reprobarás.

Por eso propongo que en la UJAT abran un módulo para despistados. No soy la única que peca de este problema, conozco a tres compañeros que por andar bien “ocupados” concentrándose en las materias no leyeron bien el trámite de baja temporal. Ahora los cuatro aceptamos nuestra derrota antes de tratar de cambiar las cosas en el sistema. Porque sabemos que si intentamos solucionar el error nos vamos a topar con la bendita burocracia de la universidad y preferimos actuar como grandecitos, resignarnos y ver el temido cero en nuestro historial académico.

Pero el módulo para despistados funcionaría igual que las cajas del centro de cómputo. Sólo necesitan a una persona dispuesta a cubrir una jornada en un cubículo con aire acondicionado y una computadora para pasar su difícil día viendo videos de YouTube, así cuando lleguemos los despistados a solicitar -por favor- ayuda para solucionar errores cometidos, los burócratas universitarios no se enojen porque con nuestra impertinencia deban pausar el video, quitarse los audífonos -es neta, el burócrata debe venir con audífonos incluidos, así lo aprendí de algunos de mi universidad- y se ponga a trabajar.

Cuando te encuentras un burócrata buena onda parece, cliché incluido, como si fuera la última Coca Cola en el desierto. Aquí va otra anécdota burocrática: Un amigo tuvo que ir al ayuntamiento del alcalde pinturita (así le dicen los que no recibieron chayote, no me incluyo, pero el apodo está pintoresco). Era medio día y en los calores de mayo. Cuando entró a la oficina notó que el aire acondicionado goteaba en una cubeta de agua a rebosar. Repito doce y media y un calor infernal y optaron por apagarlo pues estaban tan ocupados viendo YouTube que nadie tenía tiempo para vaciar la cubeta. Pasaron unos minutos y las gotas caían y caían, pero ahora eran las gotas de sudor de los burócratas y se armó una discusión. El problema rebotaba como pelotita de ping pong: tú vacíala que yo la vacié ayer. Hasta el momento en que mi amigo dejó las oficinas los burócratas no habían terminado de lanzarse las pelotitas.

La última y nos vamos: ¿A qué juchiman no le ha pasado que por un pesito que olvidó pagar (por despistado), no pudo hacer algún trámite en la universidad? Que te regresen tu credencial y te digan -tienes adeudo en (inserte aquí centro de cómputo, biblioteca, lo que guste)-, te causa un retortijón en el estómago y un grito que sólo se produce en tu mente, como cuando Darth Vader se entera de que Padme murió, (la mató él con sus boberías).

Las anécdotas aquí narradas son para divertirse un poquito a costa de la burocracia, aquella palabra maldita que con sólo nombrarla causa un dolorcito de cabeza. Después de tantas vueltas y esperas que este diseño organizacional ha causado en miles y quizá millones de mexicanos lo único que queda, como siempre, es ver el lado divertido de las cosas.

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