Kanye West: Cuando el ego nos alcance

Salvador F. Schils
November 30, 2016

xx

Ojalá las misiones de la NASA en otros planetas, tengan como propósito encontrar un lugar tan grande como el ego de Kanye West.

El hip hop es música horizontalmente  homogénea. Puede que se trate de la expresión musical que más rápido ha evolucionado en tan poco tiempo, y sin embargo sigue sonando igual. ¿Cómo? Hay más de 25 años de diferencia entre Kurtis Blow y Shabazz Palace y uno puede encontrar los mismos elementos: samplers, los ritmos 4×4 y el flow. En cambio el rock: no es lo mismo Bill Haley & The Comets que Blind Faith. En primer lugar porque los primeros hacían Rock n Roll y los segundos “Rock”.  Se puede decir de manera análoga lo mismo sobre qué es rap, y qué es hip hop, pero no hay que desviarse mucho del tema.

En una preliminar instancia podemos decir que la evolución del hip hop queda marcada en primer lugar por ser una música contestataria, proveniente de una minoría racial que se preserva hasta hoy en día, y su asimilación con la llamada “mal” sociedad del espectáculo.

Kanye West recoge de manera más acertada esta línea evolutiva. Porque él se ha servido hoy en día como muy pocos a realizar música hasta cierto punto combativa, desde su posición de súper estrella (otro caso podría ser Beyonce); a diferencia de los pioneros como GrandMaster Flash, Public Enemy o N.W.A que luchaban por hacerse de un espacio en el mainstream a mediados de los ochenta, sufriendo una serie de censura y rechazó (vale recordar que Michael Jackson fue el primer “artista negro” que MTV transmitía de manera regular).

Es momento de hacer un paréntesis; hay una gran probabilidad de quién lea esto, deteste a Kanye West. Se entiende. El tipo está  más metido en ser  una celebridad (con todo lo despectivo que implica el término y con generosos ejemplos: su matrimonio con la otra Kim Kardashian, sus meltdowns en Twitter, la falta de inteligencia, etcétera) que en ser un artista. Y sin embargo…

En la primera década de los 2000 West nos dio una obra maestra como The Graduation (2008) y en la segunda, una obra de mucho mayor tamaño como My Beautiful Dark Twisted Fantasy (2010). Solo Radiohead ha cumplido semejante proeza con Ok Computer en los 90’s y Kid A en los 2000.

Ya entrados en un análisis de Kanye como artista, sin duda alguna, de donde más cojea, es como MC, ya que va de lo regular a lo mediocre: su flow no es muy fluido, líricamente es áspero y monótono. El genio del señor West se ubica en las consolas, un arte que ha labrado desde abajo. A partir que West se mudó de Georgia a Chicago, a muy temprana edad empezó a trabajar en la confección de beats para diferentes artistas de la escena local. Su sello personal residía en emplear muestras vocales (no samplers) de canciones de música soul, junto con sus propios beats. Los primeros nombres grandes con los que empezó a trabajar fueron Raekwon, Common y Eminem. Así hasta llegar a ser reclutado por el mismo Jay Z en los estudios Roc-A-Fella Records.

El punto de inflexión en su carrera se dio, precisamente con éste último, pues el The BluePrint hasta la fecha sigue siendo el álbum más exitoso y con mejores críticas en la carrera de Jay Z (85 millones de discos vendidos). Los 3 singles elegidos del disco, fueron los que produjo Kanye: “Izzo (H.O.V.A.)”, y el ‘diss’ a Nas y Prodigy “Takeover”. Esto hizo que West se entusiasmará con la idea de pasar de las consolas a los micrófonos. Las primeras negativas fueron por parte de Capitol Records y de su misma casa: Roc-A-Fella Records. La razón era la misma: su imagen no encajaba con los cánones gangsta del género. 

Para el año 2002 y de negativa en negativa, su primer material salió en modo mixtape llamado Get Well Soon,  que rápidamente alcanzó un gran éxito que lo llevó a que su disquera mater lo arropará inmediatamente.  Para el 2004 llegó The College Dropout y para 2005 Late Registration. Obras que se destacan en primer lugar porque Kanye alcanza un rango más alto de sofisticación en sus sampleos, puesto que lo mismo va de Ray Charles a Chaka  Khan o Shirley Bassey, por otro lado se llena de colaboraciones con otros artistas más allá del hip hop como John Mayer, Chris Martin de Coldplay, Adam Levine de Maroon 5 y Daft Punk. Dentro de esas mismas colaboraciones, West se presta a ser punta de lanzas de artistas emergentes como  Lupe Fiasco, Common y Talib Kweli.

Después de ese episodio en los premios MTV con Taylor Swift, Kanye se concentra en su quinto álbum que saldría en 2010: My Beautiful Dark Twisted Fantasy, su obra maestra. Para este disco, se distingue muy claramente la manufactura de Kanye en la instrumentación: yendo de pasajes minimalistas hasta lo más presuntuoso y arriesgado, sin caer en la desmesura. Se nota la influencia de productores legendarios como: Brian Eno, George Martin, Phil Spector y Rick Rubin. Además en las colaboraciones vuelve a diversificarse: incluye al cantante Justin Vernoon (de la banda de folk rock Bon Iver) y fragmentos de Gil Scott Heroin y en la producción a Q Tip (de la legendaria A Tribe Called Quest), RZA, Pete Rock y DJ Premier. Este disco ocupa la posición 353 en los mejores discos de la historia de la Rolling Stone.

En el año 2013, llegaría Yeezus. “Kanye West es un hijo de las redes sociales y del hip hop. Él sabe de todos los estilos de música y cultura popular. Él tiene una extensa paleta para jugar con esto. Eso es todo sobre Yeezus. Hay momentos de suprema belleza y genialidad en este disco y luego la antigua mierda de antes. Pero este chico, real, real, realmente es talentoso. Está elevando la vara lo más alto posible.  Nadie ni de cerca, está haciendo lo que él está haciendo. Ni siquiera en el mismo planeta.” Esto es palabra de un tal Lou Reed.  Punto y aparte es Blood on the leaves, con los sampleos a Nina Simone  en su canción de protesta “Strange Fruit”. La sangre llama y West lo sabe. “Yo creo que es una de las piezas más modernas y a la vez, es tan minimalista.  Es muy poderosa y bella al mismo tiempo: es una gran, gran canción”, dijo David Lynch.

The Life Of Pablo (2016) es su disco más reciente, se podría decir que es una extensión a Yeezus, sólo que un tono  un poco más discreto. Casi no contiene hitazos, no es tan arriesgado ni ambicioso como sus predecesores, pero aún así el disco mantiene mayor cohesión en cuanto a calidad (casi no hay altibajos). Hay colaboraciones de Rihanna, Chance The Rapper, Young Thug y Kendrick Lamar (su relevo generacional). Nada más y nada menos.

Si aún, al finalizar estas líneas usted sigue detestando a Kanye West, pregúntese si en los últimos 10 años ha existido una figura que dé para tanto: como celebridad (con todo lo peyorativo, banal y superficial que ello implique) y como artista, ya no sólo en el hip hop sino en la música popular. Y su respuesta es…

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